La huella de
Gabriel Arrigazzi
El hombre de
las cuatro décadas.
Alberto Carbone
Gabriel
Arrigazzi se reformula.
La excusa: su
merecida jubilación.
Seguramente
va a intentar un poco de calma.
Un poco de
serenidad, de disfrute.
Pero su
impronta, sin embargo, no abandona la función.
Porque su
labor de tantos años ha edificado un ejemplo, un proceder de cómo desarrollar
ecuánime la función.
Es cierto
también, su mentor, como el mismo Gabriel lo mencionara, también ha dejado una
huella imborrable.
Tal para
cual. Eximios ambos.
Porque entre el
desenvolvimiento de Alberto Pathouros y Gabriel Arrigazzi se ha edificado un
puente.
Un camino
insoslayable.
La capacidad
de saber escuchar y proceder en consecuencia.
Fueron años
repletos de vaivenes, de necesarias tomas de decisión.
Actos de
reflexión y de valentía.
De fuerte
compromiso, de personalidad.
Gabriel lo
hizo posible.
Porque dicho
sea de paso.
No es fácil
el camino del consenso.
El dialogo,
el análisis de las diferencias sin tensiones o exabruptos.
Pero el Dr.
Arrigazzi ha sido capaz y ha estado a la altura de las circunstancias.
El Concejo
Deliberante va a extrañar su impronta, su presencia cotidiana, su postura
sincera.
Ha demostrado
cada día su voluntad de debate sin confrontaciones.
Ha enaltecido
la función frente a la mirada de sus contemporáneos.
Ha dejado
inserto para la posteridad ese famoso apotegma que aún remanido, mantiene la
vigencia plasmada por aquellos quienes merecen se los valorice.
“No solo
existen los hombres grandes, sino también los grandes hombres”.

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