jueves, 27 de marzo de 2025

 

Si es Bayer es Bueno



Alberto Carbone

 

Voy a recordar por siempre aquella singular tarde-noche en la cual tuve el privilegio de reencontrarme con el profesor Osvaldo Bayer en nuestro Partido de Gral. San Martín.

Fue precisamente en la localidad de Villa Ballester dentro de la Escuela Número Siete en oportunidad de una charla en la cual el prestigioso investigador se prestó con toda voluntad y calidez para compartir sus agudas reflexiones respecto de la vituperada historia de los argentinos.

Una vez más y gracias a su prudente alocución, su bonhomía y sinceridad, la íntima oratoria posibilitó a muchos de los presentes a recuperar anécdotas, entender la realidad, interpretar la mirada de las mayorías nacionales claudicantes y doloridas a través del tiempo. En fin, nos motivó a aprender.

Una alocución que se extendió varias horas y que fue introducida con la particularidad de una conversación previa entre nosotros mientras esperábamos que el recinto creciera en oyentes, porque Osvaldo había llegado como siempre llegaba a todas partes: urgente y puntual.

Mientras esperábamos entonces, sólo estábamos allí, junto con él, el presidente del Concejo Deliberante y la señora que iba y venía y nos convidaba con un café a cada uno.

Durante aquel prolegómeno decía, tuve la oportunidad de compartirle que proyectábamos el cambio de nombre de la calle Ramón Falcón del Distrito y sus ojos brillaron mientras me contestaba a viva voz: “muy bueno eso muchacho, muy bueno”.

Claro, en realidad para el gran profesor, todos éramos jóvenes, sin importar la edad cronológica, porque a cada uno nos miraba con esa calidez propia del educador sincero, motivador y realista.

En la pequeña reunión no había comunistas hijos de tal por cual, zurdos de eme, anarquistas reventados, o algún otro personaje tan despectiva y cruelmente definido por el por ahora presidente del país.

Nosotros, quienes lo escuchábamos atentamente, éramos y seguimos siendo admiradores del temple y carácter de ese precursor de la palabra justa, del equilibrio medido y de la convicción de pensamiento y obra.

Piense usted, señor señora, que persiste todavía en plena Capital de la República, el imponente monumento al general Julio Argentino Roca. A muy pocas cuadra de aquel portento, cuando recién comienza la Avenida Rivadavia, al frente del histórico Cabildo,  una placa recuerda con caracteres de prohombre al ilustre ex presidente don Bernardino, como “estadista genial”.

Una u otra manifestación laudatoria dedicada a aquellos personajes, no ha sido removida jamás de sus sitiales.

¡Lógico! Están implantadas por quienes mandan.

Y no importa acaso quien sea el que gobierne.

Lo más significativo y característico sea tal vez el hecho de que quienes mandan siempre, de una forma u otra también gobiernan siempre.

Lo concreto esta vez es que fue precisamente el “Día de la Memoria”, el 24 de marzo de 2025, la jornada en la cual el individuo que actualmente ocupa el famoso Sillón de Rivadavia, decidió sin miramiento alguno, la destrucción de un maravilloso símbolo que precisamente proclama la supervivencia de la tan mentada y odiada memoria.

No es casualidad sabe.

No es un atrevimiento inoportuno del excéntrico Peloduro.

Porque es una convicción.

Don Osvaldo lo supo siempre.

Lo más importante para consolidar el simple interés por el presente y bregar por la supervivencia de uno contra otro, es que las generaciones sucesivas no conozcan el pasado de nadie ni el propio o que la interpretación de esos acontecimientos se limite a una sumatoria de vulgar anecdotario.

Pero se me hace que la historia de verdad transcurre.

Acuérdese lo que le digo. Los idiotas útiles no se acabarán, seguro, pero es muy probable que no sean idóneos para perpetuar una idea que no son capaces de explicar por sí mismos.

Porque se trata invariablemente de una punzante y permanente compulsión por el razonamiento. Una necesidad de los seres normales que sobrevive y recupera vigencia aunque los estúpidos que gritan se desgañiten tratando de impedirlo.

Cierta vez, el gran escritor José María Arguedas escribió:

“La Memoria es una viejecita ciega que por las noches y a los tumbos, se aprende el camino”.

Y quiere que le diga una cosa.

Don Osvaldo Bayer, permanecerá.

Porque está impregnado de Memoria.

domingo, 23 de marzo de 2025

 

Circo Beat




por Alberto Carbone

 

El Fondo Monetario Internacional es el prestamista de última instancia.

Recurrir a un desembolso con ese Organismo equivale a entregarle nuestras propias e intransferibles decisiones de política económica nacional a una entidad crediticia y en consecuencia, el país extravía su condición soberana.

Esta circunstancia significa que ningún legislador debería ser capaz de tolerar que su propia representatividad aparezca mermada, se mancille a causa de que por decisión de la mayoría del Poder Legislativo se proponga arrodillarse ante algún ente internacional cediendo voluntariamente la tutela legal  y su autoridad institucional a cambio de migajas, prebendas y favores para que en resumidas cuentas esa cohorte o “casta” de funcionarios electos democráticamente obtenga un reembolso para sus inconfesables intereses personales.

 

Bueno estimado lector. Al final sucedió de esa manera.

Parece que era así nomás. Nos vamos enterando despacio y sin anestesia.

No es que haga falta tampoco.

El pueblo argentino vive anestesiado.

Recuerdo muy bien que cuando hablaban de “casta” los amanuenses del presidente Peloduro, la describían como si se tratase de ese núcleo homogéneo de políticos enrolados en diversos bandos pero que sin embargo profesaban y persistían en la defensa de objetivos similares.

¿Qué objetivos? Le inquirimos a usted, nos interrogamos nosotros…

¿Seguro? ¿Todavía se lo pregunta?

¿Quiere que le diga?

Para empezar tendríamos que investigar respecto de los ciento veintinueve incrementos patrimoniales que seguramente se precipitaron con posterioridad al aval, a la aprobación del imperioso D.N.U presidencial en la “Honorable” Cámara de Diputados de la Nación.

Porque definitivamente ningún sector social del por ahora consignado como “nuestro país”, que todavía persiste con el malhadado nombre den Argentina, merece vivir en desgracia, padeciendo, lamentándose cotidianamente, con el único objeto de robustecer las arcas de algunos vivos que manejan el sistema político “democrático” para obtener beneficios propios.

El gran circo, opulento y satisfactorio, conducido por Martincito Menem en la “Honorable” Cámara de Diputados no deja dudas respecto de la desvergüenza, de la “corruptela”, como decía su tío el ex presidente riojano, de la fascinación por el dominio absoluto de las decisiones que conllevan beneficios pecuniarios.

El muchacho portador de apellido tipo “casta”, de connotación ilustre, con pretensiones de recuperar los pasos de su tío, indicó por mensaje de voz a sus diputados, previo a la connotada asamblea, que en el reciento se pronunciasen con vivacidad y exaltados para lograr impedir el normal desenvolvimiento de la actividad.

El objetivo, embarrar la cancha, como se dice vulgarmente.

Además.

¿Usted se preguntó respecto de la urgencia de imponer un D.N.U ciego a la sociedad a través de su aprobación en la Cámara Baja para otorgarle libertad de manejo al Poder Ejecutivo con relación al acuerdo con el F.M.I?

Porque fue esa consideración específica lo que se aprobó.

Como si un tarado arrojase una piedra, una bomba de gas, una bala, o cualquier cosa contra la multitud, pero sin calcular las consecuencias.

 

¿Advirtió que de configurarse el tan mentado otorgamiento de dinero, desde el Organismo Internacional al que todavía sigue siendo “nuestro país”, no conocemos aún el monto, las condiciones, los plazos, etc, etc, etc?

Porque el D.N.U no lo explicita.

¡Se aprobó ciego, estimada!

¡Se aprobó cerrado, Monsieur!

Le digo así porque deberíamos todos y cada uno de nosotros ir acostumbrándonos a otros idiomas.

Sí, ya sé. No me lo recuerde.

Acá en la Argentina, sobre todo después de la presidencia de Bernardino Rivadavia se prefirió siempre la lengua de Shakespeare.

Seguramente a usted lo tiene sin cuidado lo que sucedió en aquella  época, en la cual el primer presidente argentino se ofrendó de pies a cabeza a la “bella Albión”. Disculpe. Pero cuando vote, por favor, recuérdelo. Sobre todo por el bien de las próximas generaciones,.

Bueno. Volviendo al tema del vocablo, le digo:

Evidentemente es más fino y delicado, menos duro, el idioma de Robespierre.

Por esa razón lo utilicé.

Claro, es muy probable también que el Peloduro y sus adláteres no acepten o apoyen los conceptos de Liberté, Égalité y Fraternité que conlleva la voz francesa.

Únicamente la primera. ¿No le parece?

¡Tiene razón!

¡La Libertad!, pero para ellos, nuestros funcionarios, miembros de la Casta Babieca, a quienes los dóciles y genuflexos votaron por ignorancia, por odio al otro conciudadano o por indicación de los Medios de Comunicación concentrados.

Esa Libertad que les importa es la de ellos mismos.

Para negociar su prominente elevación de patrimonio y la de sus mandantes Quienes al fin de cuentas fueron los que constituyeron una República en el año 1853 a imagen y semejanza de sus intereses.

¡Así estamos! ¿Vio?

Así andamos nomás. ¡Como se puede!

Así como nos dejan andar los encomiables sufragantes.

Por eso sabemos, interpretamos, adivinamos, que otras cosas veremos suceder, que serán inconfesables, alarmantes, impensadas.

 

¡Había una vez un circo! decía una canción infantil.

¡Era este nomás!

Madame et Monsieur,  Bienvenus.

Nosotros mientras tanto, atisbamos el porvenir.

Por lo tanto seguiremos repitiendo las bellas palabras de Don Miguel de Cervantes Saavedra que en su Obra cumbre el Don Quijote de la Mancha profetizara:

“Cosas Veredes Sancho que non Saperes”

 

miércoles, 19 de marzo de 2025

 

Cuando gime un bandoneón



por Alberto Carbone

 

si tenés sentimiento lo tenés adormecido pues todo lo has conseguido pagando como un chabón.

…del Tango “Muchacho” de Celedonio Flores

 

La Argentina es un país habitado por el diez por ciento de la población que potencialmente podría alimentar. Donde casi el ochenta por ciento de su gente se define como miembro de la Clase Media. Cuando votan, eligen candidatos referenciados con el diez por ciento más adinerado, asumiendo como propia la ideología de quienes en el Poder atentan contra sus propios votantes. Esta controversia es más que una paradoja, es una tragedia alimentada en una convicción, hija de un deseo inmaduro y caprichoso, basado en apoyar a la “gente bien” contra el impulso avasallante de los sectores bajos que se creen con derecho a subsistir del esfuerzo de quienes viven del trabajo y sostienen la Patria. La Clase Media argentina vota a los vagos ricos, a los nenes de mamá que jamás han trabajado, para que los pobres, o no puedan trabajar o se resignen a no conseguir un trabajo digno. Esta ecuación, que limita la conciencia del electorado e impide que los sectores medios se identifiquen consigo mismos, enluta el presente y el futuro de un país siempre adolescente, que permanece lejos de definirse con el concepto de Nación.

 

 

Parece otra vez un Fin de Ciclo.

 

Hace mucho que lo veo venir. Somos varios quienes lo intuimos. Claro, hay algunos, demasiados para mi insatisfacción, que viven toda esta situación política y social, como si estuvieran al margen de los acontecimientos. Como si se tratara de la historia de cualquier otro país. O como si las peripecias de su propio país les fueran ajenas.

Por ello quiero contarle esta vez la historia de la defraudación.

No, no. Quédese tranquilo.

No me refiero al accionar del gobierno. A la caída de la industria, a la implosión del mercado interno, a la debacle sanitaria, a la hecatombe de los salarios, a la explosión de los precios, al escándalo de las tarifas.

 

No, no. Le adelanto que en esta oportunidad el tema refiere a una defraudación, no a una estafa.

Porque a mí, como a tantos otros que piensan como yo, quienes podríamos decir literalmente ¡los que intentamos que se imponga la razonabilidad!, nos ha defraudado el escaso nivel de conciencia política que evidencia la Clase Media argentina.

Usted estará pensando: ¿Pero quién se cree que es este hombre? O sencillamente: ¡Qué otra cosa esperaba de un conglomerado social que desde su origen es meramente aspiracional?

Sabe una cosa. Quiere que le diga.

¡Tiene razón!

La Clase Media representa a ese sector social que continúa navegando entre dos aguas. Surgida de la matriz más humilde del proletariado incipiente nacional, de las  fábricas minimalistas de los primeros años del Siglo pasado. Descendientes de los europeos más pobres que se vieron obligados a emigrar a América para subsistir y multiplicarse.

Hombres y mujeres asimilados por el país de los argentinos del primer tercio del Siglo XX, simplemente tolerados por la urgente necesidad de mano de obra barata y que muy a pesar de haber sido recompensados con nula dignidad., con esfuerzo y progresivamente, sólo una porción minoritaria lograría el ascenso social de sus hijos, sobreponiéndose paulatinamente a un penoso y paupérrimo origen, hasta formalizar naturalmente la impensada y novedosa Clase Media

Gracias al denuedo del inmigrante, por imperio de su explotación, la Argentina del Centenario fue uno de los cinco o diez países más importantes del mundo de acuerdo con la estimación de su PBI y contabilizando la distribución del ingreso.

Cuantiosas ganancias ingresaron al país en la primera década del Siglo XX.

Pero la riqueza se concentró en muy pocas manos.

La prole mayoritaria trabajaba para sobrevivir.

La minoría poseedora de la tierra, aquella que paradójicamente había redactado la Constitución Nacional a mitad del Siglo XIX a su imagen y semejanza, gozaba de buena ventura.

Seguramente, estimado lector, habrá atisbado que la escena dramática que estamos recuperando de la memoria colectiva, fue y sigue siendo la misma.

Sin embargo, acompañando el último  fin de Siglo y en el comienzo del actual, no atrevemos a preanunciarle en carne propia que aquel drama revisitado, ha devenido en tragedia.

Porque los descendientes de aquellos europeos pobres, herederos de una historia de dolor y penurias que persisten en negar o que sencillamente no reconocen, fueron capaces de consolidar el espíritu y mentalidad de la Clase Media, esgrimiendo valores de otros, ejemplaridades, méritos y reconocimientos del grupo social enriquecido, concentrador de valor, patrón de sus ancestros.

Por eso mismo, cuando este fenomenal e imponente sector social sufraga, expresando su legítimo derecho democrático, apoya en su mayoría, invariablemente, sin objeciones y hasta con aspavientos a los representantes herederos de los antiguos patrones que explotaron a sus antecesores.

¿Un trabalenguas le parece?

Parece que así es. Debe ser cierto.

Muy complicado de entender.

Porque de otra manera no se explicaría racionalmente el proceder de esa importante porción del electorado.

Todo o casi todo lo edificado en nuestra tierra, es herencia de aquella masa informe de inmigrantes pobres de principios del Siglo pasado. Hasta el bandoneón que nombra el título de esta nota.

La cultura que recibimos de nuestros mayores, las costumbres, la valiente y forzada filosofía que pregona el mérito por salir adelante comprometiendo el coraje personal.

Pero, si me permite, ¿A usted le parece que exista algún valor que a través del tiempo hayamos aportado nosotros, los hijos y nietos, de los antiguos trashumantes, para enriquecimiento de lo aprendido?

¡Creo que sí! ¿Se imagina a qué me refiero?

¡La estrategia del “sálvese quien pueda” es toda nuestra!

¿Sabe por qué se lo digo?

Porque hace cien años, el inmigrante llegaba a nuestras tierras tentado por las noticias de algún pariente o amigo ya radicado. Quien recién llegaba vivía al principio de la hospitalidad del que se había instalado primero.

El concepto de solidaridad estaba vivo, acompañaba la subsistencia del otro, del nuevo, del recién llegado.

En el primer Censo Nacional del año 1868, época de Sarmiento, se contabilizaron un millón ochocientos mil habitantes.

Para el Censo de José E. Uriburu en 1895, casi treinta años después, había más de cuatro millones. La mitad eran europeos y de ellos, el setenta por ciento italianos.

La cultura del trabajo y el vínculo de matriz solidaria estaban al orden del día. Pero sin embargo, los descendientes de aquellos sufridos pioneros pusimos el acento en otro criterio de interpretación de la realidad.

Aceptamos, por ejemplo, el apotegma del magnate: “Vive mejor quien lo merece, por haberse esforzado más que otro”.

Paulatinamente, la solidaridad se convirtió en un concepto vacío y los descendientes de aquellos abnegados trabajadores, copiamos el modelo de los jefes de los pioneros.

El que tiene más es porque tiene más. ¡Qué tanto!

El que tiene menos y quiere más tendrá que sacrificarse, sin red de contención, sin ambages. ¿Y si no tiene ayuda alguna? ¡Dios proveerá!

Hablo de la época en la cual la Argentina era un territorio dispensador de producción agrícola y ganadera para el mercado externo y los dueños del capital tierra, los únicos “hacedores”.

A través de una política de inclusión y a partir del esfuerzo de sus padres, los hijos de aquellos pobres de principio de Siglo XX que habían descendido de los barcos, constituyeron, conformaron, instituyeron la auspiciosa y aspiracional Clase Media.

En la actualidad, sus descendientes votan ente otras,, contra la política de inclusión. Un plafón oportuno que permitió el acceso e integración del inmigrante dentro de la sociedad agrícola y ganadera de finales del Siglo XIX.

¿Es paradójico verdad?

¿Se puso a pensar acaso en aquellas circunstancias limitantes o decisiones ponderables que sin mucho esfuerzo demostrarían que al eliminar la política de inclusión se iría consolidando fuertemente la miseria de los pobres de hoy?

¿Alcanzará a advertir que esa pobreza definida en la actualidad como estructural y congénita de la que hablamos es la madre de los tres peregrinos  conceptos que siempre andan engarzados, constituidos por  marginalidad, inseguridad y  violencia?

¿A qué no lo pensó?

Mientras tanto, los otros descendientes de mejor cuna. Me refiero al grupo de herederos de la riqueza, se las entienden perfectamente bien para consolidar su perpetuidad y como corolario extienden su conducta discriminatoria también hacia la Clase Media. ¡No se lo iban a perder!

¿O se piensan acaso que la elite toleraría a los sectores medios encumbrándose?

¡Jamás de los jamases! Diría mi abuela.

Por eso mismo se envalentonan y justifican, declamando su leal convicción y su idoneidad del saber, exprimiendo a los más pobres como debe ser e inhibiendo las impropias pretensiones de la Clase Media, que desde su aparición ha deseado asimilárseles sin legitimidad de nacimiento ni de posesión, frenándola, aletargándola, reprimiéndola, aleccionándola, como si su postulado se anclara en una singular: “tribuna de doctrina”.

Por ello, permanentemente continúa naciendo gente “bien” que justifica y  justificará, por ejemplo, que hasta la nimia pretensión de cambiar el celular todos los años es y deberá ser oprobioso para la Clase Media.

¡Porque no sé todavía si lo advirtió, pero ahora vienen por usted!

¡Hoy existen algunos miembros de ese sector social más encumbrado que se candidatean a Presidentes y ganan por los votos de la Clase Media!

¿Y la excusa cuál es?, ¿que el país no es de los pobres?

Bueno, Está bien ¿Pero entonces de quién es?

¿Será de usted o de los que usted vota en contra de los pobres?

¿Vota en contra de los pobres o de usted mismo?

¿A favor de quién? ¿De ese grupo social que todo lo tiene?

 ¡Porque el voto de usted no parece suyo!

¿O en realidad al votar usted así como vota, usted está hablando de usted?

¡Otro trabalenguas! ¿Será que intento confundirlo?

No me crea entonces. Siga confiando en los Medios de Comunicación concentrados que eluden reconocer que los herederos del sector encumbrado de la sociedad, esos a quienes usted vota porque cree parecerse, no han trabajado jamás, tienen “todo pago” y “todo justificado”

¿Pensó quien los justifica?

Nos inculcaron que este es un país edificado a través de la cultura del trabajo, del esfuerzo mancomunado, del afán de realización de la Clase Media, después de que los “olvidados” ancestros fueran explotados en beneficio de los dueños de la riqueza.

Pero en realidad, si votamos a los mismos siempre seremos lo mismo.

Quienes trabajan merecen un estándar de vida mejor y quienes no trabajan merecen trabajo para incorporarse a un sistema prolífico, a un círculo virtuoso que los incluya dentro de un espectro social amplio.

Si aislamos a los pobres a su miseria, obtendremos un país dividido en tres compartimentos estancos. El de arriba opulento, muy diminuto y enriquecido, el de abajo mucho amplísimo y paupérrimo, el del centro cuantioso, prolífico, individualista y único. Porque en soledad,  mantiene a los otros dos.

¿Está seguro que continuará eligiendo este camino?

El “niño bien” reverendo hijo de la alta sociedad, cree en la cultura del trabajo para que sea realizado por quienes trabajan para su propia  comodidad, para que él no tenga que hacerlo.

¿Sabía usted que las Naciones Unidas establecen hoy cuatro estándares de países en todo el mundo?:

Primero el grupo muy industrializado, segundo el medio industrializado, tercero el poco industrializado y cuarto el no industrializado. ¿Sabe en qué grupo estamos nosotros?

¡En el primero!

Entre los cincuenta y ocho países de la primera camada la Argentina figura en la posición cuarenta y siete.

Esta consideración está basada en el promedio salarial, en su evolución del PBI, en el desarrollo de la educación y nivel sanitario.

Sin embargo en la Argentina, más de la tercera parte de su población es pobre.

¿Sabe por qué?

Porque no existe un correcto sistema de redistribución de la riqueza y por consiguiente, una escasa cantidad de ricachones se ve obligada a regañadientes a convivir con una inmensa mayoría de pobres.

En el medio de toda esa banalidad, ansiados por saltar el insondable laberinto, por supuesto estamos nosotros, padeciendo ante el tremendo esfuerzo de que no decaiga nuestro nivel de vida, sobre todo cuando nos surge subrepticio el terror por la cercanía de la indeseada pobreza.

Sin embargo, paralelamente, a nivel ideológico aplaudimos las políticas impuestas por los gobiernos de la elite que destrozan oportunamente a los sectores bajos mientras no dejan de fustigar al nuestro

 Piense por favor en esta contradicción.

No soportamos los “Planes” para la pobreza, porque estamos convencidos de que se trata de dinero disponible para que los vagos no trabajen. Pero sin embargo toleramos que los ricos gobiernen, hagan negocios privados manipulando los resortes del Estado al que por supuesto desean destruido y continúan engrosando sus arcas.

¡Todo ello, sin haber trabajado jamás!

Parece que el aroma del Fin de Ciclo viene asomando.

Se permite otear, se hace intuición.

Esperemos que por el bien de todos, por la sana costumbre de vivir y dejar vivir, también se constituya en un aroma que nos deje respirar.

lunes, 17 de marzo de 2025

 

La Flor de mi Secreto

Congreso del Frente Renovador en Parque Norte

Apareció Sergio potente como una Massa.




por Alberto Carbone



¿Cuántas cosas NO dice Sergio que debería contar?

¿Puede haber unidad entre individualidades dicotómica?

Porque es evidente que si cada uno se cree dueño y señor del espacio que asume como representante, es claro que van a medir y sopesarlos para corroborar quien debe mandar o dirigir.

Ahora pregunto:

¿Es el momento?

El país del Peloduro se está cayendo a pedazos.

 La gente no tiene lugar de instalación dentro de la sociedad.

 Los marginales se multiplican como moscas o como ratas.

No sé.

¿Habrá tiempo todavía?

¿Qué será lo que no podemos saber?.

¿Cuál será el secreto?

¿Es solo el ego de los líderes coyunturales que se creen eternos?



Mientras tanto el país se precipita.

Como aquel infeliz que cayendo desde el piso veinte del edificio,

al llegar al décimo piensa: "por ahora todo bien".

Así vamos.

Por ahora todo bien.

Total a nosotros todavía no nos toca.

Por eso van a seguir pasando cosas inauditas.

¡¡¡Ya va a ver!!!

Y nosotros seguiremos repitiendo las recordadas palabras

del maestro Don Miguel de Cervantes Saavedra,

cuando en su Obra cumbre el Don Quijote de la Mancha

recitara:

"Cosas Veredes Sancho que non Saperes"

 

martes, 4 de marzo de 2025

 

Caputito y nene malo

 

Respecto de la envestida de Santiago Caputo contra

el Diputado Nacional Facundo Manes



 

Alberto Carbone

Dígame la verdad!!!

No lo voy a andar contando por ahí!!!.

Confiese!!!!



¿Usted lo votó al Peluduro?

¡Es increible! ¿NO?

¡Es inaudito!

No lo comente, por favor. Escape por la tangente.

Escabúllase del tema político.

Diga a quien le pregunte que no entiende nada,

que no le interesa el tema.

 

¡¡¡¡Total es verdad!!!!

¿O no?.



Mire. Si lo votó a Milei y no tenía nada para obtener a cambio,

debería reconocer que usted pertenece a un grupo social

ciertamente muy poco racional.

¿Sabe por qué le digo?

 

Porque aquellos que votaron al impresentable persiguiendo un

interés pecuniario, como por ejemplo quienes a cambio participaron

en alguna Lista electiva, Nacional Provincial o Distrital, obtuvieron su justificación.

¡¡¡Ahora mismo este "Prescindente" está destruyéndolo todo!!!!

¿No se dio cuenta? ¿Tengo que contarle yo? ¡¡¡Todo!!!

¡¡¡Menos sus bolsillos y los bolsillos de quienes lo votaron a cambio

de algún interés concreto, específico!!!!

Pero si usted no obtuvo ninguna contraprestación a cambio de sufragar

por semejante imbécil.....déjeme decirle que también usted es un "Peloduro".



¿Y ahora qué va a hacer?

¿Tiene trabajo todavía? Por ejemplo.



Sabe otra cosa. Además de todo esto.

Le confieso que creo que Manes salió favorecido con la envestida del

estúpido de Caputito.

Usted se debe dar cuenta de que Milei y su runfla pierden volumen cotidianamente.

Ya habrá advertido que aquellos quienes lo instalaron en el primerísimo

sitial que ocupa, deberán conseguir algún reemplazo.

 

Acuérdese que Manes será el próximo candidato del Centro antiperonista.

Acuérdese lo que le digo.

Usted lo va a votar.

¡¡¡¡Acuérdese!!!!

La Historia argentina es precisamente ésta.

La que estamos escribiendo entre necios, ignorantes, farsantes y vivillos acumuladores de favores, obtenidos a través del apoyo de gente que vota asida a su propia ignorancia y necedad.



Usted dirá. ¿Y vos qué hablás?

Si es cierto.

Nosotros estamos haciendo carne y llaga en cuero propio esta debacle

que nos atraviesa. Por eso lo digo:



Mientras tanto seguiremos así.

¡¡¡¡Qué vamos a hacer!!!!

 

La verdad, sinceramente, creo que ya no hay solución para un país

con este grado tan bajo del nivel racional en la gente que vota.

Por eso mismo, si usted advierte, las mismas situaciones reaparecen.

¿Vio cómo se repite todo como una constante?

Así mismo es que lo advertimos nosotros y por ello decimos que sin dudas

volveremos a ver las mismas cosas una y otra vez.

Ojo. ¡¡¡O cosas aún peores!!!

Por eso mismo, nos conformamos repitiendo las impecables palabras

con las que Don Miguel de Cervantes Saavedra inmortalizara su Obra

Cumbre, blandiendo aquella frase que no envejece:

"Cosas Veredes Sancho que non Saperes".