Circo Beat
por Alberto
Carbone
El Fondo Monetario Internacional
es el prestamista de última instancia.
Recurrir a un desembolso con ese
Organismo equivale a entregarle nuestras propias e intransferibles decisiones
de política económica nacional a una entidad crediticia y en consecuencia, el
país extravía su condición soberana.
Esta circunstancia significa que
ningún legislador debería ser capaz de tolerar que su propia representatividad aparezca
mermada, se mancille a causa de que por decisión de la mayoría del Poder
Legislativo se proponga arrodillarse ante algún ente internacional cediendo
voluntariamente la tutela legal y su autoridad
institucional a cambio de migajas, prebendas y favores para que en resumidas
cuentas esa cohorte o “casta” de funcionarios electos democráticamente obtenga un
reembolso para sus inconfesables intereses personales.
Bueno estimado lector. Al final
sucedió de esa manera.
Parece que era así nomás. Nos vamos enterando despacio
y sin anestesia.
No es que haga falta tampoco.
El pueblo argentino vive anestesiado.
Recuerdo muy bien que cuando hablaban de “casta” los
amanuenses del presidente Peloduro, la describían como si se tratase de ese núcleo
homogéneo de políticos enrolados en diversos bandos pero que sin embargo profesaban
y persistían en la defensa de objetivos similares.
¿Qué objetivos? Le inquirimos a usted, nos
interrogamos nosotros…
¿Seguro? ¿Todavía se lo pregunta?
¿Quiere que le diga?
Para empezar tendríamos que investigar respecto de los
ciento veintinueve incrementos patrimoniales que seguramente se precipitaron
con posterioridad al aval, a la aprobación del imperioso D.N.U presidencial en
la “Honorable” Cámara de Diputados de la Nación.
Porque definitivamente ningún sector social del por
ahora consignado como “nuestro país”, que todavía persiste con el malhadado
nombre den Argentina, merece vivir en desgracia, padeciendo, lamentándose cotidianamente,
con el único objeto de robustecer las arcas de algunos vivos que manejan el
sistema político “democrático” para obtener beneficios propios.
El gran circo, opulento y satisfactorio, conducido por
Martincito Menem en la “Honorable” Cámara de Diputados no deja dudas respecto
de la desvergüenza, de la “corruptela”, como decía su tío el ex presidente
riojano, de la fascinación por el dominio absoluto de las decisiones que
conllevan beneficios pecuniarios.
El muchacho portador de apellido tipo “casta”, de connotación
ilustre, con pretensiones de recuperar los pasos de su tío, indicó por mensaje
de voz a sus diputados, previo a la connotada asamblea, que en el reciento se
pronunciasen con vivacidad y exaltados para lograr impedir el normal desenvolvimiento
de la actividad.
El objetivo, embarrar la cancha, como se dice
vulgarmente.
Además.
¿Usted se preguntó respecto de la urgencia de imponer
un D.N.U ciego a la sociedad a través de su aprobación en la Cámara Baja para
otorgarle libertad de manejo al Poder Ejecutivo con relación al acuerdo con el
F.M.I?
Porque fue esa consideración específica lo que se
aprobó.
Como si un tarado arrojase una piedra, una bomba de
gas, una bala, o cualquier cosa contra la multitud, pero sin calcular las consecuencias.
¿Advirtió que de configurarse el tan mentado otorgamiento
de dinero, desde el Organismo Internacional al que todavía sigue siendo “nuestro
país”, no conocemos aún el monto, las condiciones, los plazos, etc, etc, etc?
Porque el D.N.U no lo explicita.
¡Se aprobó ciego, estimada!
¡Se aprobó cerrado, Monsieur!
Le digo así porque deberíamos todos y cada uno de
nosotros ir acostumbrándonos a otros idiomas.
Sí, ya sé. No me lo recuerde.
Acá en la Argentina, sobre todo después de la presidencia
de Bernardino Rivadavia se prefirió siempre la lengua de Shakespeare.
Seguramente a usted lo tiene sin cuidado lo que
sucedió en aquella época, en la cual el
primer presidente argentino se ofrendó de pies a cabeza a la “bella Albión”.
Disculpe. Pero cuando vote, por favor, recuérdelo. Sobre todo por el bien de las
próximas generaciones,.
Bueno. Volviendo al tema del vocablo, le digo:
Evidentemente es más fino y delicado, menos duro, el
idioma de Robespierre.
Por esa razón lo utilicé.
Claro, es muy probable también que el Peloduro y sus adláteres
no acepten o apoyen los conceptos de Liberté, Égalité y Fraternité que conlleva
la voz francesa.
Únicamente la primera. ¿No le parece?
¡Tiene razón!
¡La Libertad!, pero para ellos, nuestros funcionarios,
miembros de la Casta Babieca, a quienes los dóciles y genuflexos votaron por
ignorancia, por odio al otro conciudadano o por indicación de los Medios de
Comunicación concentrados.
Esa Libertad que les importa es la de ellos mismos.
Para negociar su prominente elevación de patrimonio y
la de sus mandantes Quienes al fin de cuentas fueron los que constituyeron una
República en el año 1853 a imagen y semejanza de sus intereses.
¡Así estamos! ¿Vio?
Así andamos nomás. ¡Como se puede!
Así como nos dejan andar los encomiables sufragantes.
Por eso sabemos, interpretamos, adivinamos, que otras
cosas veremos suceder, que serán inconfesables, alarmantes, impensadas.
¡Había una vez un circo! decía una canción infantil.
¡Era este nomás!
Madame et Monsieur, Bienvenus.
Nosotros mientras tanto, atisbamos el porvenir.
Por lo tanto seguiremos repitiendo las bellas palabras
de Don Miguel de Cervantes Saavedra que en su Obra cumbre el Don Quijote de la
Mancha profetizara:
“Cosas Veredes Sancho que non Saperes”
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