domingo, 23 de marzo de 2025

 

Circo Beat




por Alberto Carbone

 

El Fondo Monetario Internacional es el prestamista de última instancia.

Recurrir a un desembolso con ese Organismo equivale a entregarle nuestras propias e intransferibles decisiones de política económica nacional a una entidad crediticia y en consecuencia, el país extravía su condición soberana.

Esta circunstancia significa que ningún legislador debería ser capaz de tolerar que su propia representatividad aparezca mermada, se mancille a causa de que por decisión de la mayoría del Poder Legislativo se proponga arrodillarse ante algún ente internacional cediendo voluntariamente la tutela legal  y su autoridad institucional a cambio de migajas, prebendas y favores para que en resumidas cuentas esa cohorte o “casta” de funcionarios electos democráticamente obtenga un reembolso para sus inconfesables intereses personales.

 

Bueno estimado lector. Al final sucedió de esa manera.

Parece que era así nomás. Nos vamos enterando despacio y sin anestesia.

No es que haga falta tampoco.

El pueblo argentino vive anestesiado.

Recuerdo muy bien que cuando hablaban de “casta” los amanuenses del presidente Peloduro, la describían como si se tratase de ese núcleo homogéneo de políticos enrolados en diversos bandos pero que sin embargo profesaban y persistían en la defensa de objetivos similares.

¿Qué objetivos? Le inquirimos a usted, nos interrogamos nosotros…

¿Seguro? ¿Todavía se lo pregunta?

¿Quiere que le diga?

Para empezar tendríamos que investigar respecto de los ciento veintinueve incrementos patrimoniales que seguramente se precipitaron con posterioridad al aval, a la aprobación del imperioso D.N.U presidencial en la “Honorable” Cámara de Diputados de la Nación.

Porque definitivamente ningún sector social del por ahora consignado como “nuestro país”, que todavía persiste con el malhadado nombre den Argentina, merece vivir en desgracia, padeciendo, lamentándose cotidianamente, con el único objeto de robustecer las arcas de algunos vivos que manejan el sistema político “democrático” para obtener beneficios propios.

El gran circo, opulento y satisfactorio, conducido por Martincito Menem en la “Honorable” Cámara de Diputados no deja dudas respecto de la desvergüenza, de la “corruptela”, como decía su tío el ex presidente riojano, de la fascinación por el dominio absoluto de las decisiones que conllevan beneficios pecuniarios.

El muchacho portador de apellido tipo “casta”, de connotación ilustre, con pretensiones de recuperar los pasos de su tío, indicó por mensaje de voz a sus diputados, previo a la connotada asamblea, que en el reciento se pronunciasen con vivacidad y exaltados para lograr impedir el normal desenvolvimiento de la actividad.

El objetivo, embarrar la cancha, como se dice vulgarmente.

Además.

¿Usted se preguntó respecto de la urgencia de imponer un D.N.U ciego a la sociedad a través de su aprobación en la Cámara Baja para otorgarle libertad de manejo al Poder Ejecutivo con relación al acuerdo con el F.M.I?

Porque fue esa consideración específica lo que se aprobó.

Como si un tarado arrojase una piedra, una bomba de gas, una bala, o cualquier cosa contra la multitud, pero sin calcular las consecuencias.

 

¿Advirtió que de configurarse el tan mentado otorgamiento de dinero, desde el Organismo Internacional al que todavía sigue siendo “nuestro país”, no conocemos aún el monto, las condiciones, los plazos, etc, etc, etc?

Porque el D.N.U no lo explicita.

¡Se aprobó ciego, estimada!

¡Se aprobó cerrado, Monsieur!

Le digo así porque deberíamos todos y cada uno de nosotros ir acostumbrándonos a otros idiomas.

Sí, ya sé. No me lo recuerde.

Acá en la Argentina, sobre todo después de la presidencia de Bernardino Rivadavia se prefirió siempre la lengua de Shakespeare.

Seguramente a usted lo tiene sin cuidado lo que sucedió en aquella  época, en la cual el primer presidente argentino se ofrendó de pies a cabeza a la “bella Albión”. Disculpe. Pero cuando vote, por favor, recuérdelo. Sobre todo por el bien de las próximas generaciones,.

Bueno. Volviendo al tema del vocablo, le digo:

Evidentemente es más fino y delicado, menos duro, el idioma de Robespierre.

Por esa razón lo utilicé.

Claro, es muy probable también que el Peloduro y sus adláteres no acepten o apoyen los conceptos de Liberté, Égalité y Fraternité que conlleva la voz francesa.

Únicamente la primera. ¿No le parece?

¡Tiene razón!

¡La Libertad!, pero para ellos, nuestros funcionarios, miembros de la Casta Babieca, a quienes los dóciles y genuflexos votaron por ignorancia, por odio al otro conciudadano o por indicación de los Medios de Comunicación concentrados.

Esa Libertad que les importa es la de ellos mismos.

Para negociar su prominente elevación de patrimonio y la de sus mandantes Quienes al fin de cuentas fueron los que constituyeron una República en el año 1853 a imagen y semejanza de sus intereses.

¡Así estamos! ¿Vio?

Así andamos nomás. ¡Como se puede!

Así como nos dejan andar los encomiables sufragantes.

Por eso sabemos, interpretamos, adivinamos, que otras cosas veremos suceder, que serán inconfesables, alarmantes, impensadas.

 

¡Había una vez un circo! decía una canción infantil.

¡Era este nomás!

Madame et Monsieur,  Bienvenus.

Nosotros mientras tanto, atisbamos el porvenir.

Por lo tanto seguiremos repitiendo las bellas palabras de Don Miguel de Cervantes Saavedra que en su Obra cumbre el Don Quijote de la Mancha profetizara:

“Cosas Veredes Sancho que non Saperes”

 

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