jueves, 7 de agosto de 2025

 

La Banalidad del Mal


por Alberto Carbone


Cuando Hannah Arendt invocó esta frase, la banalidad del mal, la remitió directamente al accionar despiadado, meticuloso y salvaje desplegado por los nazis contra las minorías étnicas y culturales, que se referenciaban implacables en su absoluta necesidad de cumplimentar la ansiada e inestimable limpieza racial que redundaría en el bien de la sociedad humana.

La Historia, que como sabemos se desenvuelve trágica y dramática y suele repetirse estrafalaria como farsa o farándula, nos ha depositado en la Argentina un espécimen ridículo, impensado, estrambótico y despreciable que jamás hubiésemos imaginado ni en la peor de las pesadillas.

 Esta realidad, que por supuesto no considero necesario acreditarla meticulosamente, porque usted la conoce y padece sobre manera, se precipita sobre la vida de los seres de a pie, lastimándolos, despojándolos de creencias y valores y ultimando definitivamente toda voluntad y esperanza.

Pero sabe una cosa. La culpa no debe recaer únicamente sobre este personaje enfermo y desprovisto de sensibilidad. Porque de una manera u otra, los insanos poseen su justificación basada justamente en su insania.

Por eso mismo deberíamos someter este juicio a la razonabilidad de lo que vivimos. Deberíamos confrontarlo con el accionar de aquellos ciudadanos desprovistos de pensamiento crítico que en aras de desestructurar la comodidad y parsimonia de la clase política tradicional, optaron por el desbarajuste, apoyando con el voto a un desequilibrado emocional, sin entender el despropósito y sin medir las consecuencias.

Claro. Lógicamente los sectores de Poder económico incentivaron ese proyecto, a sabiendas de que muy posiblemente podrían controlar, dominar, guiar las acciones enfermas del candidato.

Es cierto también que durante estos dos años de mandato han logrado robustecerse, afianzarse, legitimarse y consolidar ese Modelo de país que otrora, la Constitución de 1853 original, hubo pergeñado para beneplácito de la elite.

No hay comentarios:

Publicar un comentario