Deuteronomio
Alberto
Carbone
A esta altura de los acontecimientos existe más de una generación que no
conoció el Peronismo.
Ni a Perón, ni a Evita, ni la historia generada precipitadamente en
épocas en que el país todo cambiaba y una nueva constelación de ciudadanía emergía
solicitando lugar dentro de la sociedad que poco a poco se tornaba pujante,
industrialista, urbana y trabajadora.
Es así. Muchos ciudadanos que no conocen ni siquiera intentan conocer lo
sucedido.
Estas generaciones, son interpeladas por quienes construyen sentido
común desde los Medios de Comunicación masivos y concentrados, precipitándolos
a reconocer como válidos los argumentos que los dueños del Poder esgrimen en
defensa de sus propios intereses de facción. Para lograrlo procuran y logran
responsabilizar al Partido Político más popular de la historia argentina por
todos los males reales e inventados que se sucedieron a través del tiempo,
cuestionando, vilipendiando, destratando y culpabilizando al Peronismo de la
totalidad de los acontecimientos y malestares sociales.
La ciudadanía, absorta, ignorante e impune, acepta esas consideraciones
como verdad revelada.
La gente de a pie, el transeúnte, no posee ni pretende poseer los
argumentos probatorios de la infamia.
Recuerdo y comparto con usted, aquella historia que rememora la hazaña
del pueblo judío, que se liberó tenaz de la esclavitud y se decidió a partir
desde Egipto a Palestina, a la legendaria Canaán, la tierra prometida por Dios.
La Escuela Sacerdotal hebrea plasmó la narración de aquel desenfrenado
periplo en el Libro de Éxodo.
Posteriormente no dejó de advertir que las nuevas generaciones que no
habían experimentado aquella experiencia trashumante, difícilmente podrían
valorar ese esfuerzo de vida y de años de peregrinaje.
Fue entonces que interpolaron en el Antiguo Testamento el Deuteronomio.
El libro instala en los judíos nuevos la valoración y la trascendencia de aquel
periplo y la necesaria importancia de permanecer en el amor de Dios para permanecer
protegidos y resguardados de todos los pesares que pudiesen acontecer,
auspiciados en cada acción popular por los favores del Padre amado que los ama.
Así, el Deuteronomio proyectó en los nuevos creyentes, la singularidad
del Pacto amoroso entre el único Dios y su pueblo elegido
En Argentina, el Peronismo no escribió su Deuteronomio.
Peor aún, diluyó su imagen e importancia sobre la base de refriegas
palaciegas que sucesivamente dinamitaron aquella voluntad primigenia del
primero Perón que postulaba la transformación social, la justicia reivindicativa,
la participación democrática y pujante de los trabajadores en las decisiones
políticas.
Humildemente les digo.
A la auténtica dirigencia, a los verdaderos representantes: es tiempo de
cambio. De transformación seria y precisa.
Las generaciones actuales y futuras deben saber el porqué de tantos esfuerzos,
la justificación del afán por la recuperación de los derechos conculcados.
Es el momento de profesar, de postular argumentos idóneos con voluntad
de salvación social, al margen de intereses mezquinos, de falsedades, de
difamaciones.
En favor de la legitimidad y de las convicciones.
Porque no es verdad que otro país es posible.
Es la posibilidad de que la Argentina siga existiendo.

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