domingo, 14 de septiembre de 2025

 

Deuteronomio

 


Alberto Carbone

 

A esta altura de los acontecimientos existe más de una generación que no conoció el Peronismo.

Ni a Perón, ni a Evita, ni la historia generada precipitadamente en épocas en que el país todo cambiaba y una nueva constelación de ciudadanía emergía solicitando lugar dentro de la sociedad que poco a poco se tornaba pujante, industrialista, urbana y trabajadora.

Es así. Muchos ciudadanos que no conocen ni siquiera intentan conocer lo sucedido.

Estas generaciones, son interpeladas por quienes construyen sentido común desde los Medios de Comunicación masivos y concentrados, precipitándolos a reconocer como válidos los argumentos que los dueños del Poder esgrimen en defensa de sus propios intereses de facción. Para lograrlo procuran y logran responsabilizar al Partido Político más popular de la historia argentina por todos los males reales e inventados que se sucedieron a través del tiempo, cuestionando, vilipendiando, destratando y culpabilizando al Peronismo de la totalidad de los acontecimientos y malestares sociales.

La ciudadanía, absorta, ignorante e impune, acepta esas consideraciones como verdad revelada.

La gente de a pie, el transeúnte, no posee ni pretende poseer los argumentos probatorios de la infamia.

Recuerdo y comparto con usted, aquella historia que rememora la hazaña del pueblo judío, que se liberó tenaz de la esclavitud y se decidió a partir desde Egipto a Palestina, a la legendaria Canaán, la tierra prometida por Dios.

La Escuela Sacerdotal hebrea plasmó la narración de aquel desenfrenado periplo en el Libro de Éxodo.

Posteriormente no dejó de advertir que las nuevas generaciones que no habían experimentado aquella experiencia trashumante, difícilmente podrían valorar ese esfuerzo de vida y de años de peregrinaje.

Fue entonces que interpolaron en el Antiguo Testamento el Deuteronomio. El libro instala en los judíos nuevos la valoración y la trascendencia de aquel periplo y la necesaria importancia de permanecer en el amor de Dios para permanecer protegidos y resguardados de todos los pesares que pudiesen acontecer, auspiciados en cada acción popular por los favores del Padre amado que los ama.

Así, el Deuteronomio proyectó en los nuevos creyentes, la singularidad del Pacto amoroso entre el único Dios y su pueblo elegido

En Argentina, el Peronismo no escribió su Deuteronomio.

Peor aún, diluyó su imagen e importancia sobre la base de refriegas palaciegas que sucesivamente dinamitaron aquella voluntad primigenia del primero Perón que postulaba la transformación social, la justicia reivindicativa, la participación democrática y pujante de los trabajadores en las decisiones políticas.

Humildemente les digo.

A la auténtica dirigencia, a los verdaderos representantes: es tiempo de cambio. De transformación seria y precisa.

Las generaciones actuales y futuras deben saber el porqué de tantos esfuerzos, la justificación del afán por la recuperación de los derechos conculcados.

 

Es el momento de profesar, de postular argumentos idóneos con voluntad de salvación social, al margen de intereses mezquinos, de falsedades, de difamaciones.

En favor de la legitimidad y de las convicciones.

Porque no es verdad que otro país es posible.

Es la posibilidad de que la Argentina siga existiendo.

 


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