domingo, 23 de noviembre de 2025

 

Análisis de la ceguera argentina



 

Alberto Carbone

 

La lógica previsión de cualquier país, es aprender a ubicarse en el lugar preciso de acuerdo con el devenir de la historia

 

No existe otra posibilidad para un país racional que la capacidad de analizar el contexto mundial, evaluar los posibles cambios y movimientos coyunturales e insertarse vehementemente en ellos para contribuir al progreso y al crecimiento económico y social.

Después de la famosa Crisis de 1929, originada en la Bolsa de Comercio de Wall Street, los EE.UU de América colapsaron.

Su economía interna experimentó una profunda zozobra, se descompensó y se volatilizaron sus inversiones.

Lo que eran promisorios negocios adolecieron de solidez.

Pocos años después esa circunstancia repercutió en nuestro país.

El primer signo de la debacle fue político. ¿Recuerda?

Se produjo el Golpe de Estado contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen.

No es mi intención desplegar los sucesos históricos acontecidos, pero le cuento sencillamente que con la ascensión del general Félix Uriburu en primer término y del General Agustín P. Justo después, el país de los argentinos afianzó su ligamaza con Gran Bretaña sincerando definitivamente su compromiso inmaculado de sentirse un protectorado más de la “Rubia Albión”.

Mientras Inglaterra se empoderaba entonces de los recursos argentinos, amparada en el Acuerdo inconfesable entre ambos países conocido como “Pacto Roca-Runciman”, el país europeo paralelamente se desojaba, deshilachando su economía interna y desarmando su presencia internacional, dejando el lugar de protagonismo al avance implacable y prometedor del desarrollo económico norteamericano que rápidamente dejó atrás el deterioro crítico del 29.

La economía yanqui entonces, más pujante y moderna que la inglesa se posicionó en la cumbre de los negocios mundiales y nuestros dirigente políticos eligieron no percibirlo.

La Argentina quedó así aprisionada con el compromiso de los negocios británicos. Los mismos que decaían estrepitosamente por antiguos y obsoletos.

Brasil en cambio no.

El coloso sudamericano interpretó muy bien los cambios mundiales y los adoptó, convirtiéndose en aliado estratégico de los EE.UU de América.

El resultado fue claro y preciso.

La Argentina se desvinculó de la evolución de la economía mundial y el Brasil se transformó en una verdadera potencia del Cono Sur Americano.

¿Sabe lo que está sucediendo en este preciso momento?

En la actualidad, la ceguera persiste.

Los EE.UU de América se deshilachan, se van desojando. Van perdiendo brillo natural ante el impulso arrasador de China.

Ese mismo país oriental que después de años de transformación, parece ser que aprendió bastante bien que al Sistema Capitalista había que modificarlo desde adentro.

China adoptó al Capitalismo como recurso de crecimiento interno y se proyectó hacia la economía mundo exportando y proveyendo sus recursos y su producción cada vez más elaborada y moderna.

La Argentina entonces eligió nuevamente el camino equivocado.

Mientras el Brasil se insertó en los BRICS intuyendo que el desenvolvimiento mundial modificará definitivamente el rumbo, nuestro país prefirió la inexorable y pérfida tradición quedándose bajo la tutela de la Potencia mundial que desde años atrás nos muestra su declive.

Una vez más, la Argentina pierde y perderá.

¡Pero existe una diferencia con la época pretérita!

Porque en esta ocasión todo sucede por la decisión de las urnas.

Son los ciudadanos esta vez, quienes democráticamente han elegido el camino de fracaso.

La ceguera nacional nos volverá a jugar una mala pasada.

Brasil quedará inobjetablemente incluido dentro del proyecto de desarrollo mundial, auspiciado por el intercambio entre economías complementarias.

La Argentina en cambio, volverá a revolcarse en el fracaso y la ambigüedad.

En ese mismo barro que aún persiste con sus huellas de casi un Siglo.

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