La Educación del Siglo XIX
Alberto Carbone
Respecto del Proyecto de modificación de la Ley de
Educación Nacional pretendido por el gobierno del Peloduro de Milei.
Creo que es así.
Creo oportuna la decisión de intentar
retornar al Siglo XIX también en el desenvolvimiento del magro sistema educativo.
¿Sabe por qué se lo digo?
Porque están sucediendo
modificaciones, “cambios” que habrá que justificar, explicar, preparando a la
población para que no perciba que lo que votó estalla contra sus propias
reivindicaciones históricas.
¡Habrá que explicar!
Porque no puede ocurrir que alegremente
el trabajador pierda todos sus derechos.
Que las personas con discapacidad
sean abandonadas abruptamente y dejen de ser subsidiadas por el Estado.
Que se promueva en forma salvaje
que los jubilados sean abandonados a su suerte caracterizados como personajes
inservibles para el mercado.
Que hasta las Obras Sociales dejen
de asistir a sus afiliados.
Que los Sindicatos desaparezcan.
Que se anule definitivamente la política de contención de sus afiliados.
El ciudadano común, ignorante de
todo, alcanzado por el discurso totalizador de los auto denominados anticasta pero
que paradójicamente son castrenses, abonados como están por el discurso de los pseudoperiodistas
que hacen su agosto beneficiados por jugosos emolumentos, que la gente común
digo, es imprescindible que sea alcanzada por un régimen educativo que
justifique estos “cambios” auspiciados y bien apoyados por esa misma población con su sufragio.
Para terminar con este tema.
¿Quiere que le diga algo?
Dicen las profecías más
desesperanzadoras que el mundo entero está próximo a terminarse. ¡En serio! Que
un meteorito de tal por cual, que una nave espacial de otra galaxia, que la
reconversión del impacto climático, la desertización, la licuación de los
hielos, vaya uno a saber.
Mientras tanto. Dicen y dicen.
¿Pero sabe una cosa? Me parece
que lo que ha concluido ya y pronto a desaparecer primero es nuestro país.
La todavía reconocida y
renombrada vastedad denominada como territorio argentino, no alcanzará a ver
con sus propios ojos la supuesta y profética destrucción del mundo, porque para
entonces será nombrada de otra manera. Rebautizada y utilizada para otros
menesteres.
Aproveche entonces señor lector,
señora lectora, a ver por sí mismos todas las cosas que van pasando. Todas
estas vicisitudes que aún, a pesar de todo, para algunos permanecen absortas y
para otros no son identificables o no interesan.
Porque recuerde bien.
Ya lo dijo el eximio escritor
manchego en su Obra Cumbre. Inefable erudito, que según parece fue capaz
también de atisbar el futuro:
“Cosas Veredes Sancho que non
Saperes”
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