miércoles, 19 de marzo de 2025

 

Cuando gime un bandoneón



por Alberto Carbone

 

si tenés sentimiento lo tenés adormecido pues todo lo has conseguido pagando como un chabón.

…del Tango “Muchacho” de Celedonio Flores

 

La Argentina es un país habitado por el diez por ciento de la población que potencialmente podría alimentar. Donde casi el ochenta por ciento de su gente se define como miembro de la Clase Media. Cuando votan, eligen candidatos referenciados con el diez por ciento más adinerado, asumiendo como propia la ideología de quienes en el Poder atentan contra sus propios votantes. Esta controversia es más que una paradoja, es una tragedia alimentada en una convicción, hija de un deseo inmaduro y caprichoso, basado en apoyar a la “gente bien” contra el impulso avasallante de los sectores bajos que se creen con derecho a subsistir del esfuerzo de quienes viven del trabajo y sostienen la Patria. La Clase Media argentina vota a los vagos ricos, a los nenes de mamá que jamás han trabajado, para que los pobres, o no puedan trabajar o se resignen a no conseguir un trabajo digno. Esta ecuación, que limita la conciencia del electorado e impide que los sectores medios se identifiquen consigo mismos, enluta el presente y el futuro de un país siempre adolescente, que permanece lejos de definirse con el concepto de Nación.

 

 

Parece otra vez un Fin de Ciclo.

 

Hace mucho que lo veo venir. Somos varios quienes lo intuimos. Claro, hay algunos, demasiados para mi insatisfacción, que viven toda esta situación política y social, como si estuvieran al margen de los acontecimientos. Como si se tratara de la historia de cualquier otro país. O como si las peripecias de su propio país les fueran ajenas.

Por ello quiero contarle esta vez la historia de la defraudación.

No, no. Quédese tranquilo.

No me refiero al accionar del gobierno. A la caída de la industria, a la implosión del mercado interno, a la debacle sanitaria, a la hecatombe de los salarios, a la explosión de los precios, al escándalo de las tarifas.

 

No, no. Le adelanto que en esta oportunidad el tema refiere a una defraudación, no a una estafa.

Porque a mí, como a tantos otros que piensan como yo, quienes podríamos decir literalmente ¡los que intentamos que se imponga la razonabilidad!, nos ha defraudado el escaso nivel de conciencia política que evidencia la Clase Media argentina.

Usted estará pensando: ¿Pero quién se cree que es este hombre? O sencillamente: ¡Qué otra cosa esperaba de un conglomerado social que desde su origen es meramente aspiracional?

Sabe una cosa. Quiere que le diga.

¡Tiene razón!

La Clase Media representa a ese sector social que continúa navegando entre dos aguas. Surgida de la matriz más humilde del proletariado incipiente nacional, de las  fábricas minimalistas de los primeros años del Siglo pasado. Descendientes de los europeos más pobres que se vieron obligados a emigrar a América para subsistir y multiplicarse.

Hombres y mujeres asimilados por el país de los argentinos del primer tercio del Siglo XX, simplemente tolerados por la urgente necesidad de mano de obra barata y que muy a pesar de haber sido recompensados con nula dignidad., con esfuerzo y progresivamente, sólo una porción minoritaria lograría el ascenso social de sus hijos, sobreponiéndose paulatinamente a un penoso y paupérrimo origen, hasta formalizar naturalmente la impensada y novedosa Clase Media

Gracias al denuedo del inmigrante, por imperio de su explotación, la Argentina del Centenario fue uno de los cinco o diez países más importantes del mundo de acuerdo con la estimación de su PBI y contabilizando la distribución del ingreso.

Cuantiosas ganancias ingresaron al país en la primera década del Siglo XX.

Pero la riqueza se concentró en muy pocas manos.

La prole mayoritaria trabajaba para sobrevivir.

La minoría poseedora de la tierra, aquella que paradójicamente había redactado la Constitución Nacional a mitad del Siglo XIX a su imagen y semejanza, gozaba de buena ventura.

Seguramente, estimado lector, habrá atisbado que la escena dramática que estamos recuperando de la memoria colectiva, fue y sigue siendo la misma.

Sin embargo, acompañando el último  fin de Siglo y en el comienzo del actual, no atrevemos a preanunciarle en carne propia que aquel drama revisitado, ha devenido en tragedia.

Porque los descendientes de aquellos europeos pobres, herederos de una historia de dolor y penurias que persisten en negar o que sencillamente no reconocen, fueron capaces de consolidar el espíritu y mentalidad de la Clase Media, esgrimiendo valores de otros, ejemplaridades, méritos y reconocimientos del grupo social enriquecido, concentrador de valor, patrón de sus ancestros.

Por eso mismo, cuando este fenomenal e imponente sector social sufraga, expresando su legítimo derecho democrático, apoya en su mayoría, invariablemente, sin objeciones y hasta con aspavientos a los representantes herederos de los antiguos patrones que explotaron a sus antecesores.

¿Un trabalenguas le parece?

Parece que así es. Debe ser cierto.

Muy complicado de entender.

Porque de otra manera no se explicaría racionalmente el proceder de esa importante porción del electorado.

Todo o casi todo lo edificado en nuestra tierra, es herencia de aquella masa informe de inmigrantes pobres de principios del Siglo pasado. Hasta el bandoneón que nombra el título de esta nota.

La cultura que recibimos de nuestros mayores, las costumbres, la valiente y forzada filosofía que pregona el mérito por salir adelante comprometiendo el coraje personal.

Pero, si me permite, ¿A usted le parece que exista algún valor que a través del tiempo hayamos aportado nosotros, los hijos y nietos, de los antiguos trashumantes, para enriquecimiento de lo aprendido?

¡Creo que sí! ¿Se imagina a qué me refiero?

¡La estrategia del “sálvese quien pueda” es toda nuestra!

¿Sabe por qué se lo digo?

Porque hace cien años, el inmigrante llegaba a nuestras tierras tentado por las noticias de algún pariente o amigo ya radicado. Quien recién llegaba vivía al principio de la hospitalidad del que se había instalado primero.

El concepto de solidaridad estaba vivo, acompañaba la subsistencia del otro, del nuevo, del recién llegado.

En el primer Censo Nacional del año 1868, época de Sarmiento, se contabilizaron un millón ochocientos mil habitantes.

Para el Censo de José E. Uriburu en 1895, casi treinta años después, había más de cuatro millones. La mitad eran europeos y de ellos, el setenta por ciento italianos.

La cultura del trabajo y el vínculo de matriz solidaria estaban al orden del día. Pero sin embargo, los descendientes de aquellos sufridos pioneros pusimos el acento en otro criterio de interpretación de la realidad.

Aceptamos, por ejemplo, el apotegma del magnate: “Vive mejor quien lo merece, por haberse esforzado más que otro”.

Paulatinamente, la solidaridad se convirtió en un concepto vacío y los descendientes de aquellos abnegados trabajadores, copiamos el modelo de los jefes de los pioneros.

El que tiene más es porque tiene más. ¡Qué tanto!

El que tiene menos y quiere más tendrá que sacrificarse, sin red de contención, sin ambages. ¿Y si no tiene ayuda alguna? ¡Dios proveerá!

Hablo de la época en la cual la Argentina era un territorio dispensador de producción agrícola y ganadera para el mercado externo y los dueños del capital tierra, los únicos “hacedores”.

A través de una política de inclusión y a partir del esfuerzo de sus padres, los hijos de aquellos pobres de principio de Siglo XX que habían descendido de los barcos, constituyeron, conformaron, instituyeron la auspiciosa y aspiracional Clase Media.

En la actualidad, sus descendientes votan ente otras,, contra la política de inclusión. Un plafón oportuno que permitió el acceso e integración del inmigrante dentro de la sociedad agrícola y ganadera de finales del Siglo XIX.

¿Es paradójico verdad?

¿Se puso a pensar acaso en aquellas circunstancias limitantes o decisiones ponderables que sin mucho esfuerzo demostrarían que al eliminar la política de inclusión se iría consolidando fuertemente la miseria de los pobres de hoy?

¿Alcanzará a advertir que esa pobreza definida en la actualidad como estructural y congénita de la que hablamos es la madre de los tres peregrinos  conceptos que siempre andan engarzados, constituidos por  marginalidad, inseguridad y  violencia?

¿A qué no lo pensó?

Mientras tanto, los otros descendientes de mejor cuna. Me refiero al grupo de herederos de la riqueza, se las entienden perfectamente bien para consolidar su perpetuidad y como corolario extienden su conducta discriminatoria también hacia la Clase Media. ¡No se lo iban a perder!

¿O se piensan acaso que la elite toleraría a los sectores medios encumbrándose?

¡Jamás de los jamases! Diría mi abuela.

Por eso mismo se envalentonan y justifican, declamando su leal convicción y su idoneidad del saber, exprimiendo a los más pobres como debe ser e inhibiendo las impropias pretensiones de la Clase Media, que desde su aparición ha deseado asimilárseles sin legitimidad de nacimiento ni de posesión, frenándola, aletargándola, reprimiéndola, aleccionándola, como si su postulado se anclara en una singular: “tribuna de doctrina”.

Por ello, permanentemente continúa naciendo gente “bien” que justifica y  justificará, por ejemplo, que hasta la nimia pretensión de cambiar el celular todos los años es y deberá ser oprobioso para la Clase Media.

¡Porque no sé todavía si lo advirtió, pero ahora vienen por usted!

¡Hoy existen algunos miembros de ese sector social más encumbrado que se candidatean a Presidentes y ganan por los votos de la Clase Media!

¿Y la excusa cuál es?, ¿que el país no es de los pobres?

Bueno, Está bien ¿Pero entonces de quién es?

¿Será de usted o de los que usted vota en contra de los pobres?

¿Vota en contra de los pobres o de usted mismo?

¿A favor de quién? ¿De ese grupo social que todo lo tiene?

 ¡Porque el voto de usted no parece suyo!

¿O en realidad al votar usted así como vota, usted está hablando de usted?

¡Otro trabalenguas! ¿Será que intento confundirlo?

No me crea entonces. Siga confiando en los Medios de Comunicación concentrados que eluden reconocer que los herederos del sector encumbrado de la sociedad, esos a quienes usted vota porque cree parecerse, no han trabajado jamás, tienen “todo pago” y “todo justificado”

¿Pensó quien los justifica?

Nos inculcaron que este es un país edificado a través de la cultura del trabajo, del esfuerzo mancomunado, del afán de realización de la Clase Media, después de que los “olvidados” ancestros fueran explotados en beneficio de los dueños de la riqueza.

Pero en realidad, si votamos a los mismos siempre seremos lo mismo.

Quienes trabajan merecen un estándar de vida mejor y quienes no trabajan merecen trabajo para incorporarse a un sistema prolífico, a un círculo virtuoso que los incluya dentro de un espectro social amplio.

Si aislamos a los pobres a su miseria, obtendremos un país dividido en tres compartimentos estancos. El de arriba opulento, muy diminuto y enriquecido, el de abajo mucho amplísimo y paupérrimo, el del centro cuantioso, prolífico, individualista y único. Porque en soledad,  mantiene a los otros dos.

¿Está seguro que continuará eligiendo este camino?

El “niño bien” reverendo hijo de la alta sociedad, cree en la cultura del trabajo para que sea realizado por quienes trabajan para su propia  comodidad, para que él no tenga que hacerlo.

¿Sabía usted que las Naciones Unidas establecen hoy cuatro estándares de países en todo el mundo?:

Primero el grupo muy industrializado, segundo el medio industrializado, tercero el poco industrializado y cuarto el no industrializado. ¿Sabe en qué grupo estamos nosotros?

¡En el primero!

Entre los cincuenta y ocho países de la primera camada la Argentina figura en la posición cuarenta y siete.

Esta consideración está basada en el promedio salarial, en su evolución del PBI, en el desarrollo de la educación y nivel sanitario.

Sin embargo en la Argentina, más de la tercera parte de su población es pobre.

¿Sabe por qué?

Porque no existe un correcto sistema de redistribución de la riqueza y por consiguiente, una escasa cantidad de ricachones se ve obligada a regañadientes a convivir con una inmensa mayoría de pobres.

En el medio de toda esa banalidad, ansiados por saltar el insondable laberinto, por supuesto estamos nosotros, padeciendo ante el tremendo esfuerzo de que no decaiga nuestro nivel de vida, sobre todo cuando nos surge subrepticio el terror por la cercanía de la indeseada pobreza.

Sin embargo, paralelamente, a nivel ideológico aplaudimos las políticas impuestas por los gobiernos de la elite que destrozan oportunamente a los sectores bajos mientras no dejan de fustigar al nuestro

 Piense por favor en esta contradicción.

No soportamos los “Planes” para la pobreza, porque estamos convencidos de que se trata de dinero disponible para que los vagos no trabajen. Pero sin embargo toleramos que los ricos gobiernen, hagan negocios privados manipulando los resortes del Estado al que por supuesto desean destruido y continúan engrosando sus arcas.

¡Todo ello, sin haber trabajado jamás!

Parece que el aroma del Fin de Ciclo viene asomando.

Se permite otear, se hace intuición.

Esperemos que por el bien de todos, por la sana costumbre de vivir y dejar vivir, también se constituya en un aroma que nos deje respirar.

lunes, 17 de marzo de 2025

 

La Flor de mi Secreto

Congreso del Frente Renovador en Parque Norte

Apareció Sergio potente como una Massa.




por Alberto Carbone



¿Cuántas cosas NO dice Sergio que debería contar?

¿Puede haber unidad entre individualidades dicotómica?

Porque es evidente que si cada uno se cree dueño y señor del espacio que asume como representante, es claro que van a medir y sopesarlos para corroborar quien debe mandar o dirigir.

Ahora pregunto:

¿Es el momento?

El país del Peloduro se está cayendo a pedazos.

 La gente no tiene lugar de instalación dentro de la sociedad.

 Los marginales se multiplican como moscas o como ratas.

No sé.

¿Habrá tiempo todavía?

¿Qué será lo que no podemos saber?.

¿Cuál será el secreto?

¿Es solo el ego de los líderes coyunturales que se creen eternos?



Mientras tanto el país se precipita.

Como aquel infeliz que cayendo desde el piso veinte del edificio,

al llegar al décimo piensa: "por ahora todo bien".

Así vamos.

Por ahora todo bien.

Total a nosotros todavía no nos toca.

Por eso van a seguir pasando cosas inauditas.

¡¡¡Ya va a ver!!!

Y nosotros seguiremos repitiendo las recordadas palabras

del maestro Don Miguel de Cervantes Saavedra,

cuando en su Obra cumbre el Don Quijote de la Mancha

recitara:

"Cosas Veredes Sancho que non Saperes"

 

martes, 4 de marzo de 2025

 

Caputito y nene malo

 

Respecto de la envestida de Santiago Caputo contra

el Diputado Nacional Facundo Manes



 

Alberto Carbone

Dígame la verdad!!!

No lo voy a andar contando por ahí!!!.

Confiese!!!!



¿Usted lo votó al Peluduro?

¡Es increible! ¿NO?

¡Es inaudito!

No lo comente, por favor. Escape por la tangente.

Escabúllase del tema político.

Diga a quien le pregunte que no entiende nada,

que no le interesa el tema.

 

¡¡¡¡Total es verdad!!!!

¿O no?.



Mire. Si lo votó a Milei y no tenía nada para obtener a cambio,

debería reconocer que usted pertenece a un grupo social

ciertamente muy poco racional.

¿Sabe por qué le digo?

 

Porque aquellos que votaron al impresentable persiguiendo un

interés pecuniario, como por ejemplo quienes a cambio participaron

en alguna Lista electiva, Nacional Provincial o Distrital, obtuvieron su justificación.

¡¡¡Ahora mismo este "Prescindente" está destruyéndolo todo!!!!

¿No se dio cuenta? ¿Tengo que contarle yo? ¡¡¡Todo!!!

¡¡¡Menos sus bolsillos y los bolsillos de quienes lo votaron a cambio

de algún interés concreto, específico!!!!

Pero si usted no obtuvo ninguna contraprestación a cambio de sufragar

por semejante imbécil.....déjeme decirle que también usted es un "Peloduro".



¿Y ahora qué va a hacer?

¿Tiene trabajo todavía? Por ejemplo.



Sabe otra cosa. Además de todo esto.

Le confieso que creo que Manes salió favorecido con la envestida del

estúpido de Caputito.

Usted se debe dar cuenta de que Milei y su runfla pierden volumen cotidianamente.

Ya habrá advertido que aquellos quienes lo instalaron en el primerísimo

sitial que ocupa, deberán conseguir algún reemplazo.

 

Acuérdese que Manes será el próximo candidato del Centro antiperonista.

Acuérdese lo que le digo.

Usted lo va a votar.

¡¡¡¡Acuérdese!!!!

La Historia argentina es precisamente ésta.

La que estamos escribiendo entre necios, ignorantes, farsantes y vivillos acumuladores de favores, obtenidos a través del apoyo de gente que vota asida a su propia ignorancia y necedad.



Usted dirá. ¿Y vos qué hablás?

Si es cierto.

Nosotros estamos haciendo carne y llaga en cuero propio esta debacle

que nos atraviesa. Por eso lo digo:



Mientras tanto seguiremos así.

¡¡¡¡Qué vamos a hacer!!!!

 

La verdad, sinceramente, creo que ya no hay solución para un país

con este grado tan bajo del nivel racional en la gente que vota.

Por eso mismo, si usted advierte, las mismas situaciones reaparecen.

¿Vio cómo se repite todo como una constante?

Así mismo es que lo advertimos nosotros y por ello decimos que sin dudas

volveremos a ver las mismas cosas una y otra vez.

Ojo. ¡¡¡O cosas aún peores!!!

Por eso mismo, nos conformamos repitiendo las impecables palabras

con las que Don Miguel de Cervantes Saavedra inmortalizara su Obra

Cumbre, blandiendo aquella frase que no envejece:

"Cosas Veredes Sancho que non Saperes".

 

jueves, 27 de febrero de 2025

 

El corazón helado

…al final de este viaje partiremos de nuevo…

 


 Alberto Carbone


No quería saber nada de nada.

No quería enterarse.

Sólo pretendía escapar, ocultarse, hacerse invisible.

¿Cómo sucedió este drama?

¿Por qué lo fueron a buscar a Fernando?

¿Cómo se enteró el Topo de que yo estaba en la casa de mi mamá?

¡De dónde sacó el número de teléfono?

¡Cómo se animó a avisarme?

¿Dónde carajo me voy a esconder?

Desde tiempo atrás, durante un período bastante prolongado, Eva había decidido desistir en la defensa del proyecto político que representaba y convalidaba su pareja.

¡Ya está bien Fernando! ¡Suficiente!. Repetía desesperanzada.

¿Cómo vamos a pasar a ser clandestinos si militamos en el barrio y nos conocen todos los vecinos?

¿Cuánto tiempo puede sostenerse una estrategia como ésta que intenta ocultar y mantener en el anonimato a quienes hasta el día anterior nos expusimos cara a cara ante la comunidad y nos esforzamos por ser sus referentes?

¿Yo podré continuar con la ayuda escolar?, por ejemplo…… ¿si de repente me transformo casi en un soldado popular que intenta cristalizar sus objetivos con otros procedimientos y propugna distintos criterios de acción para alcanzar el poder político?

En general la muchacha recibía explicaciones basadas solamente en evasivas.

El propio Fernando no poseía respuestas convincentes para las preguntas que descargaba Eva una detrás de la otra.

¡Todo es muy reciente, Evita! Se escuchó decir al joven.

Habrá que esperar y atender cada una de las consignas.

Mientras tanto tenemos la obligación de seguir ocupando el terreno ganado. ¡Deberemos impedir que pasen y se instalen!

 

Las palabras de Fernando sintetizaban muy bien la expresión y posicionamiento de un sector juvenil comprometido fuertemente con la militancia social y política, pero la situación general se tornaría agobiante, angustiante y terminal a partir del golpe de Estado.

Poco antes de que se produjese esa situación política terminal, el sistema democrático permanecía  en terapia intensiva, absolutamente cooptado por el poder económico y por las fuerzas de seguridad. Ambas abroqueladas, persistían empecinadas en derrotar definitivamente el avance populista, perfeccionando el mecanismo de represión social y política en favor de aquellos quienes financiaban el statu quo.

El Poder Legislativo agachó la cabeza.

Agobiado y sin reacción, convalidó el accionar represivo en un último intento de preservar la autoridad Constitucional.

No alcanzó.

Los que manipulaban el Poder real, reclamaron el sello para refrendar su propia autoridad. Poco tiempo después el Poder económico terminaría apoderándose de los tres Poderes de la Constitución Nacional.

De esa manera, el sistema económico y financiero se empoderó.

El primer paso constituyó mediatizar la voluntad democrática.

Pero después decidieron abolirla.

Muerto el Líder político, cooptaron la democracia y decidieron acciones en su nombre. Aquellos quienes en primer lugar, garantizaron para su propio beneficio el control de decisiones políticas y económicas, seguidamente se precipitaron contra los sectores titulados progresistas y optaron por abroquelarse y defenderse, amparándose en su autoproclamada legitimidad de acción y en el logro de lo que permanentemente postulaban como su objetivo superior: la integridad y la reorganización de la Nación.

Para ello, justificaron el procedimiento, tornaron imperioso ocupar el gobierno, a través de funcionarios políticos monigotes y genuflexos.

La primera reacción se orientó a desarticular, amparados en los últimos estertores del Sistema Democrático, los movimientos insurreccionales y recuperar para el grupo de interés financiero el control de las decisiones.

Paralelamente, los activistas barriales, que habían congeniado a cara descubierta con sus vecinos y que desembozadamente fueron obligados a mutar casi de un día para el otro en una rara especie de milicias populares sin instrucción ninguna, comenzaron a asemejarse a aquellos entusiastas y viejos conocidos gimnastas circenses que se lanzaban al vacío con el objeto de realizar su acto sin red de contención.

Pero además y como para terminar de agudizar esa situación de por sí sumamente trágica, debemos consignar que Eva y Fernando eran solamente dos de los miles de militantes juveniles de veintiuno y veinticinco años.

¿Qué actitud entonces se podría esperar de los compañeros de diecinueve que estaban ingresando ese año en la colimba? ¿Y de los pibes y pibas de dieciséis, solidarios, optimistas, colaboradores, que llegaban al barrio por manadas ofreciéndose como improvisados docentes o como trabajadores voluntarios convencidos de su capacidad y esfuerzo, muy dispuestos a engrosar esas filas como participantes dentro de alguna actividad específica que se les encomendara?

Porque aquella camada multitudinaria de jóvenes se comprometió con su accionar y realizó funciones que invariablemente se tradujeron en formato de colaboraciones diversas coordinadas dentro del espacio del local partidario

¡Sin embargo, poco tiempo antes del colapso democrático, se  precipitó desde los altos mandos de las organizaciones populares, una orden superior de carácter urgente y estentóreo que impuso a esos muchachos y a esas muchachas activistas una responsabilidad mayúscula!

¡El grueso de la juventud, aquellos que estaban más comprometidos dentro de la organización, transmutaron por invocación de sus conductores en repentinos y valientes guerrilleros urbanos sin ningún adiestramiento, debido a que tampoco para aquel menester, esos voluntarios colaboradores barriales habían obtenido capacitación alguna!

A veces pareciera que la búsqueda de la verdad fuese también la lucha por la sinrazón. Sucede en general que cada uno de los contendores, que batallan por prevalecer y consolidarse, conoce y trata de imponer denodadamente desde el origen de los acontecimientos la razón por la cual está obligado a instalar su parecer con carácter definitivo dentro de la consideración de la sociedad.

La verdad entonces, con mayúscula y única, resquebrajada al fin de cuentas en parcialidades irreconciliables, abandona su pertinaz obsesión, su definitivo y proverbial objetivo de certeza, para comparecer ante todos los mortales, sufriente muchedumbre devastada en esa lucha por la infausta prevalencia, como solo una de las múltiples condiciones de posibilidad, mientras la perplejidad de los contemporáneos, quienes fueron injustamente convidados a sufrir revueltos en aquella contienda, padece obligatoriamente de uno u otro destello vivificador transmitido por ambas orientaciones obsecuentes, como si se tratara de un juicio apodíctico revelado por la divinidad.

Recuerdo muy bien la frase de aquel girondino contemporáneo de las últimas etapas de la Revolución Francesa en el año 1792, época de la Convención, quien en el minuto previo a ser ajusticiado por la guillotina acusado de infame traidor al pueblo, manifestara al pie del patíbulo lo que acabarían siendo sus últimas palabras y una frase final implantada por el devenir en la posteridad: ¡La revolución devora a sus hijos!

Por eso mismo, a la luz del devenir histórico, deberíamos considerar que ninguna organización por más popular que se precie o por muy necesaria que se justifique a sí misma, puede arrogarse el derecho tutelar sobre la vida de las personas que cree le asiste representar. Porque es evidente que ante el riesgo existencial inminente, cualquier ser humano conminado por una realidad a punto de devorarlo, privilegia desesperadamente su derecho a seguir viviendo.

 

Entonces ella partió.

Eligió así una de las posibles variables para mitigar el duelo.

Abandonó de súbito pero subrepticiamente el hogar materno.

Se fue de la casa que paradójicamente la había protegido sin saberlo de la íntima tragedia personal que le desprendió el alma.

Sin despedirse, sin llevar nada más que lo puesto. Sin siquiera acercarse a su madre para reclamarle un beso. Como si fuese a regresar en escasos minutos de algún trámite próximo y ocasional o de vaya a saber dónde.

En primer lugar, como última y sublime decisión, se propuso disfrutar de un baño. Estuvo bajo la ducha un tiempo considerable.

Sin ninguna justificación racional había resuelto que el agua desprendería de su cuerpo toda la desazón y las sinrazones que se le desbarataron encima como una gigante catarata inmunda. Después de la ducha, se perfumó y se atavió. Un poco antes, cuando atravesó el lavabo y se observó desnuda de cuerpo entero en el espejo sintió lástima por ella y contuvo las primeras lágrimas.

Una ligera inflamación abdominal se le insinuaba. Una invalorable ofrenda amorosa crecía despacio dentro de ella fruto de aquella relación tan intensa como mezquina en tiempo.

Un hermoso homenaje que intentaría sin dudas prolongar la presencia de su ansiado compañero.

Pero casi enseguida terminó de acicalarse y salió de allí como desenvuelta y erguida pero a la vez extraña de sí e inexplicablemente sin una gota de apetito.

Entonces en silencio, paseó sus ojos por cada una de las habitaciones de su antiguo hogar como despidiéndose hasta que por fin se decidió y arremetió como estimulada por un impulso necesario.

A media mañana, la temperatura elevada del día había confirmado que el sol se impondría sobre el temperamento de los mortales y que iría como desojándose y cayendo pesado detrás del profuso ramaje de los árboles, adormeciéndose sobre la calle adoquinada que como estrepitoso calvario hirviente se empecinaba en soportar un persistente olor semejante a fritura asfáltica.

Tenues sombras calcinantes discurrían sobre la calzada difuminándose entre los intersticios de aquel formidable follaje que se precipitaba con sus contorsionados brazos, acariciando apenas los techos de los automóviles aletargados junto al cordón.

Eva abrió de par en par la puerta de calle y gritó desmesuradamente hacia el interior de la casa pugnando por activar al máximo sus pulmones:

¡Ahora vuelvo, mamaaá…!

La mujer, atareada ama de casa, que no se encontraba sin embargo escandalosamente lejos de esa zona del pasillo que integraba el living con el exterior, fue capaz hasta de sobresaltarse un poco con el vocifero tan cercano.

¡Ehhhh…! ¡Qué pasa nena…! Inmediatamente le contestó.

¡Ya te escucheeé!

¡Acordate que papá vuelve del taller al mediodía!

 

La muchacha no respondió.

Apretó su mano alrededor del picaporte y cerró fuerte la puerta. Inmediatamente después, un poco embarullada y entre atolondrada y conmovida se asomó a la fachada.

Allí, alcanzó a atisbar el escaso horizonte que apenas se podía entrever al final de esa calle familiar, que rigurosamente calurosa e implacablemente desierta, lucía todavía erguida, fastuosa e impresionante.

Una significativa cantidad de árboles de plátano, constituidos por robustos troncos de riguroso aspecto contundente y añejo se sucedían como patéticos ancianos sin edad, como inmensos tótems, permanentemente estáticos y cocidos por el sol del verano que implacable insinuaba su próxima presencia.

Extenuantes y calientes, frondosos y erguidos, guarecían de luz sin embargo a la sucesión de casas bajas con techos de pizarra que conformaban el barrio nacido obrero en su origen. El antiguo proyecto que con el paso del tiempo y de las consecutivas generaciones, había metamorfoseado al influjo de sus constantes cambios de mano y de aspecto.

Era sin duda una rectilínea e imponente arboleda, únicamente concebida para rendirse ante la altura agotadora de los flamantes y relucientes edificios que en forma paulatina y espaciada habían surgido con el paso de los años como diseños presuntuosos e innovadores, configurando lentamente un paisaje diverso y diferente al pergeñado en el antiguo y olvidado propósito original del vecindario, una singular propuesta habitacional diseñada alguna vez para albergar dignas y amplias construcciones de carácter social, pergeñadas con algún objetivo loable y solidario que posteriormente por alguna decisión tan arbitraria como interesada, fuera relegada para siempre a las zonas del olvido.

Sobre aquella acera vacía, cruelmente abandonada, ausente de voces y de conciencia humana, tal vez por la hora del día que se advertía candente y abrazadora o quizá porque la vecindad resignaba despojarse de su voluntad de transeúnte, la joven muchacha, de repente madura mujer, se aprontó presta a deambular con su reciente soledad a cuestas, sin ningún sentido premeditado ni rumbo cierto y sin otra esperanza que la búsqueda de la inhallable paz y de una crédula redención.

Barruntando en silencio respecto de su desgraciada novedad impuesta vaya a saber si por el destino o por su suerte y farfullando sus propios pensamientos entre tímida e insegura, pareció resignada a su angustia y muy posiblemente determinada también a derramar su última voluntad.

Con el corazón hondamente angustiado y con la incertidumbre devorándolo todo, escasos minutos antes de partir, permaneció inmóvil observando cada rincón de aquella fachada que había sido su hogar en épocas pretéritas y poco tiempo después cerró los ojos afligidos, vidriosos, confundidos y oprimió exageradamente los párpados.

Entonces por fin resolvió emprender el viaje.