domingo, 10 de abril de 2016

Un 1ro de Mayo como los de antes




Por Alberto Carbone

..salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable..
José Martí. Poeta cubano. Corresponsal del Diario La Nación de Argentina

Ayer nomás, diría Litto Nebbia, el 1ro de Mayo era otra cosa.
La Argentina no conoció experiencias de reclamo en esta jornada de conmemoración durante los últimos doce años de período kirchnerista. Esta situación, derivó en que muchos de nuestro jóvenes trabajadores ni siquiera tengan idea de la causa por la cual se celebra el 1ro de Mayo en nuestro país.
Lo cierto fue que ese desconocimiento generó que muchos de nuestros jóvenes trabajadores pensaran que las conquistas alcanzadas en la última  década fueran inamovibles.
Una gran parte de ellos interpretó como un hecho natural el poder adquisitivo del salario, las leyes sociales beneficiando a quienes no estaban incluidos, las transformaciones culturales, el superávit de las balanzas comerciales, el crecimiento del Producto Bruto Interno y en resumidas cuentas, las mejoras en las condiciones de vida de las amplias mayorías.
La convicción de que aquellas mejoras en definitiva no eran beneficios generados por una política instaurada para con ese fin sino propias de un Estado consolidado, llevó a millones de personas a escuchar el canto de sirena de los medios masivos de comunicación que se dedicaron a horadar al anterior gobierno con el único objeto de hacer triunfar sus políticas sectoriales.
Fue el caso de Clarín y La Nación, que como exclusivo motor de su ensañamiento tuvo por objeto derribar la Ley de Medios, para que no se derrumbe su posición hegemónica y de calumniar retóricamente a las personas y a los actos del gobierno que concluyó en diciembre de 2015.
Cito a los Medios de comunicación masiva, taxativamente, porque ellos tuvieron un importante papel en el mes de Mayo norteamericano que reprimió y  decretó la pena de muerte para los obreros que reclamaban las ocho horas de trabajo en el año 1886. La Prensa reclamó un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.
Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!


El 1ro de Mayo de 1886 se inició la huelga general por el reconocimiento de las ocho horas de trabajo que la Ley Ingersoll  de 1868 promulgada por el entonces Presidente Andrew Johnson  había establecido.
La American Federation of Labor (A.F.L), de constitución socialista y anarquista, determinó en su cuarto congreso, realizado casualmente un 17 de octubre de 1884, que a partir del 1ro de Mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, de lo contrario se llamaría a la huelga general si no se obtenía esta reivindicación. Además recomendó a todas las uniones sindicales que fijasen las mismas determinaciones en sus jurisdicciones. De esta forma se buscaba la obtención de mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas.

Ese  1ro de Mayo comenzó la huelga y el 4 de Mayo de 1886 una tremenda represión en una Plaza, jornada conocida como la revuelta de Haymarket precipitó los acontecimientos.

Ciento ochenta uniformados reprimieron a más de veinte mil trabajadores. Una bomba estalló produciendo la muerte de uno de los policías lo que derivó en un ataque brutal a sangre y fuego. Jamás se supo a ciencia cierta la cantidad de muertos en aquella salvaje represión apoyada por los Periódicos de la época.
Fueron treinta y uno los responsabilizados contra quienes se inició la causa el 21 de junio de 1886, pero luego la cantidad se limitó a ocho personas, en un juicio teñido de muchas irregularidades que incluyeron la violación de normas procesales. Al concluir, todos los hombres juzgados fueron declarados culpables, Tres de ellos a prisión y cinco a pena de muerte, ejecutados en la horca:
Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.
Samuel Fieldeninglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua.
Michael Schwabalemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua.

Condenas a muerte

    George Engel, alemán, 50 años, tipógrafo.
 Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista.
 Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente.
    August Vincent Theodore Spies, alemán, 31 años, periodista.
 Louis Lingg, alemán, 22 años, carpintero, se suicidó en su propia celda.



Hoy, que la Argentina volverá a vivir un 1ro de Mayo como los de antes, con un país sumido en un gobierno conservador, de aristas neoliberales, en el que no se salvan ni los jubilados, con miles de desempleados y caída de puestos de trabajo, es dable esperar una respuesta seria y propiciatoria desde el Movimiento Obrero, que demuestre que sus dirigentes escuchan a las beses y que están  a la altura de las circunstancias.


sábado, 2 de abril de 2016

Recuerdos del Futuro
Por Alberto Carbone
E aí me dá uma tristeza no meu peito Feito um despeito de eu não ter como lutar
E eu que não creio, peço a Deus por minha gente É gente humilde, que vontade de chorar
Chico Buarque


Parecería que existen cuestiones que todavía cierta gente no entiende.
Cosas estas que tienen que ver con los tiempos que corren. Con la vida. Con cada uno de nosotros. Y si ustedes quieren más filosófico, con el hombre y sus circunstancias.
De otra manera, no puede entenderse que gente grande no sea capaz de interpretar la diferencia existente entre el pasado, el presente y el futuro.
El gobierno obtuvo un importante triunfo político en esta semana en la H. Cámara de Senadores de la Nación, al conseguir por mayoría significativa, el voto en favor del pago a los fondos Buitre, con el apoyo de representantes legislativos del Frente para la Victoria, todavía no sabemos a cambio de qué.
Esa circunstancia es el Presente. Hoy lo narramos porque sucedió. Hoy recordamos con fruición las palabras del Senador Pichetto, porque las exclamó, las hizo oír, blandió su voz para explicar su proceder, su ánimo, su justificación.
No dijo nada respecto de su estrategia. No explicó el trasfondo de su proceder o como configura él su futuro después de esta decisión.
Eso es el Futuro. No lo conocemos. No sabemos qué acontecerá con la vida política de Pichetto. O qué espera él personalmente que ocurra con su vida después de este avatar.
En realidad solo conocemos el Pasado, lo transcurrido, que se va plasmando a partir de la experiencia y de esa manera nos permite escribir el Presente, tomando en cuenta aprendizajes vividos.
Porque el Futuro es lo que vendrá y en ese camino se sueltan y dispersan los imponderables. El futuro lo vamos escribiendo desde el Presente, procurando que lo que hagamos hoy tenga respuestas valederas mañana.
El oficialismo arguye que lo que está haciendo con el país hoy va a tener resultados mañana y aventura el tipo y diseño de resultados a obtener por intermedio de las decisiones que está tomando hoy.
Parece un juego de palabras pero es una tomadura de pelo. En realidad, ni el gobierno, ni nadie puede argumentar el resultado que tendrán las decisiones de coyuntura en el país.
Cierto es que tomaron las decisiones que prometieron tomar en época de campaña electoral. El gobierno no mintió. “Cambiemos” le dijo a la gente de qué constaría el cambio. Mencionó la caída de retenciones al agro y a la ganadería, la apertura indiscriminada de la economía y recordó que el salario estaba especialmente alto en Dólares y que el retraso cambiario demandaría una fuerte devaluación caracterizada con el nombre de sinceramiento del Dólar.
Todo lo que dijo en aquel presente hasta octubre del año pasado y después hasta que se hizo efectiva la segunda vuelta electoral, lo cumplió.
Quienes tenemos más de cincuenta años, revivimos una lamentable experiencia. Como cuando fue la época de “La liberación de las fuerzas productivas”… como había dicho José Alfredo Martínez de Hoz en su primer discurso.
Esas fuerzas liberadas acabaron con la industria nacional, destruyeron a los trabajadores y corrompieron a sus dirigentes.
¿Vamos camino a repetir esa realidad?.
¿Qué vamos a hacer con la gente que queda en la calle?.
Recuerdo que la primera experiencia conservadora, neoliberal que me tocó padecer fue con la dictadura cívico-militar 1976-82. En aquella época el levantamiento popular se evitó a través de la represión. Muertos y desaparecidos podrían contar la historia nefasta de una etapa política bañada en sangre.
La segunda experiencia la obtuve gracias al gobierno democrático de Carlos Menem, 1989-99. Había ganado las elecciones a través del Partido Justicialista, pero desde el poder representó la antítesis de la Doctrina creada por Perón y con el apoyo popular se dedicó a afianzar la dependencia nacional incrementando la deuda externa y marcando mayor diferencia entre ricos y pobres generando una fuerte injusticia redistributiva.
Este calvario desembocó en el desgobierno de la Alianza. Su especial ineptitud coronó el año 2001 y culminó con el desastre socioeconómico-político más grande que vivió la Argentina.
Después tuvimos doce años de Kirchnerismo de los que no me voy a referir más que para decir que el actual gobierno lo señala como de “pesada herencia”. Pero resulta que lleva tres meses de una administración que sólo busca la destrucción del Estado, porque es la única herramienta que puede hacer frente al verdadero poder que defienden, que no es otro que el poder económico concentrado, para el que gobiernan.
Volver a vivir. Revival. Como le gusta decir al nuevo mandatario, en la lengua que seguramente más conoce, ya que con el castellano no se lleva muy bien que digamos.
Revival. Y yo tengo recuerdos muy fuertes. No soy el único que los tiene. La mitad del electorado no quiere ese “volver a vivir” propuesto por la incapacidad de quienes no tienen ni siquiera plan económico. También pienso en la gente humilde, esa pobre gente que Macri ha visto en cierta oportunidad por televisión o que le han llevado cerca alguna vez, sin que eso lo comprometa demasiado.
Esa gente. Mucha de esa gente ha votado por él, envuelta en la estrategia de un discurso mediático que con grandes titulares manchaban a la década pasada, usurpándole logros u oscureciéndolos.
Tengo recuerdos, fuertes recuerdos de lo que hizo la gente que defiende Macri cuando estuvo en el gobierno y sospecho lo que va a hacer ahora que lo han recuperado, evaluando el desguace de estos tres meses.

Pero también recuerdo cómo, cuánto y la forma en que reaccionó el agredido. Aquella otra gente que sin pan y sin trabajo, despojada de todo, fue capaz de hacerse escuchar aún por sobre el fuerte ruido que producen los medios masivos de comunicación y sus coyunturales siervos.

viernes, 25 de marzo de 2016

El porqué de la acción bélica
en nuestras Malvinas







Por Alberto Carbone
Profesor de Historia Facultad Filo y Letras UBA




La Movilización del 30 de marzo de 1982

El día 30 de marzo de 1982, la CGT y las 62 Organizaciones Peronistas, organizaron un paro y movilización multitudinario sobre la Plaza de Mayo. Los trabajadores fueron conducidos por sus dirigentes sindicales, quienes marcharon en primera fila de la manifestación tomados de los brazos, como un símbolo de unidad civil que recorrió todo el mundo.
El ejército no toleró la decisión y ordenó a la policía federal que reprimiera en las calles. El resultado de aquella histórica marcha, dejó como saldo un muerto y cientos de heridos, pero dejó al desnudo la inoperancia e incapacidad del gobierno de facto.
Uno de los últimos mentores de este desgraciado episodio denominado “Proceso”, fue el general Leopoldo Fortunato Galtieri, quien en su carácter de Presidente de la Nación, a partir de finales del año 1981, asumió con total desparpajo la decisión de iniciar una guerra contra Gran Bretaña, por la posesión de las Islas Malvinas.
El día 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas de la Argentina recuperaron esas tierras irredentas, de manera inconsulta y repentina. La gente se agolpó frente a la Casa de Gobierno, para aplaudir aquella acción reivindicativa, pero a la vez para criticar al gobierno militar, por su inconducta desde el mes de marzo de 1976 y por la salvaje represión a la que la habían sometido dos días antes.
El día 30 de marzo de 1982, la CGT y las 62 Organizaciones Peronistas se pusieron de pie. Los dirigentes obreros más representativos junto con los trabajadores se movilizaron hasta la Casa de Gobierno en reclamo de sus derechos cívicos.
Los trabajadores recibieron el apoyo y la compañía de los Partidos Políticos, quienes reunidos en una Organización autotitulada “Multisectorial” acompañaron al grueso de la movilización, desplazándose encolumnada detrás de sus dirigentes políticos y gremiales, los cuales marchaban tomados del brazo al frente de los trabajadores.
Los sectores medios, también se hicieron presentes en la gran marcha, llegando a través de los medios de locomoción habituales.
Esta marcha, transformada en gigantesca Asamblea Popular, reclamó al gobierno militar que concluya con el régimen de facto y convocase a elecciones generales en forma inmediata.
La respuesta no se hizo esperar. La decisión de un grupo de manifestantes de ingresar a la Casa Rosada junto con los líderes políticos y gremiales que entregarían un petitorio firmado por miles de personas, precipitó la furia y desencadenó la violencia.
Las balas de goma y los gases lacrimógenos inundaron el centro de la Ciudad de Buenos Aires, por espacio de varias cuadras a la redonda.
La Policía Federal  recibió la orden de realizar un cerco entre la Plaza de Mayo y la Avenida 9 de Julio, provocando el encierro de los manifestantes dentro del ámbito de la represión.
Muchos compañeros fueron apresados y otros lograron refugiarse en bares aledaños. Muchos comercios fueron atacados por las fuerzas policiales, inundando los locales con gases lacrimógenos.
La multitud superó con creces la capacidad represiva y la mayoría de la gente logró huir, sabiendo que el gobierno de facto había decidido continuar con la dictadura.
Sin embargo, los militares sopesaron muy bien los resultados de aquella jornada y advirtieron que si optaban por la continuidad del gobierno, deberían tomar otra actitud, dando señales serias de un cambio político.
Profundamente sujetos a las directivas de los organismos de Crédito Internacionales, no tenían mucho margen de maniobra para proceder. Así fue que se les ocurrió, entre “gallos y medianoche”, recuperar las Islas Malvinas y brindárselo al pueblo de la Nación como un acto reivindicativo de hondo sentido nacionalista, que posiblemente prolongaría su agonía.
El final de la historia bélica es bien conocido por todos los argentinos, la catástrofe en Malvinas precipitó la caída definitiva del régimen de facto y el país recomenzó una nueva etapa democrática, colmado de heridas de honda profundidad.
Hagamos un poco de memoria:




Pólvora húmeda para defender una infamia
Seis años después de haber iniciado el más doloroso y humillante proceso político del siglo XX vivido por nuestro país.
Seis años después de que un grupo de miserables vestidos con el uniforme de la Patria se rindieran imbéciles y genuflexos a las exigencias del neoliberalismo internacional y a las pretensiones personales de los grupos minoritarios locales, aquella cúpula militar volvió a rendirse, pero en la segunda ocasión por su desidia, por su falta absoluta de capacidad reflexiva, por su decisión unánime de destrozar definitivamente la imagen de la Nación y de las Fuerzas Armadas que juraron honrar, con tal de salir indemnes de la derrota, de su falta de vergüenza, de su incapacidad de ser humanos.
Tres presidentes golpistas sucesivos habían transformado a la Argentina en un desierto de voces monótonas, en un cementerio de almas vivas y tan apesadumbradas, como las de los miles de desaparecidos sin reposo, a través del dolor y la tortura.
La economía nacional, entregada definitivamente al juego de la ruleta rusa, había abandonado el sistema productivo para invertir en las finanzas y la especulación, la misma estrategia que hoy, impulsan quienes desde el gobierno electo dicen defender la Democracia.
Las grandes urbes se transformaron en aldeas de tránsito nocturno para los más pobres sin trabajo ni hogar, abandonados a su propia marginalidad. De día, deambulaban los desocupados,  sin esperanza alguna de reinsertarse en la otrora sociedad productiva.
El gobierno militar había iniciado un viaje sin retorno. Se había volcado a los brazos de las decisiones del poder económico internacional y navegaba entre aguas turbias sin piloto, desde la proa de nuestro país, haciendo agua y sin destino.
Pero en 1982 el pueblo comenzó a reaccionar.
Las Organizaciones Sindicales desplegaron su poder multitudinario el día 30 de marzo sobre la Plaza de Mayo, exigiendo un cambio definitivo de la cruenta política nacional. El ciudadano común, también hizo llegar su reclamo y la explosión cívica se transformó en un clamor unánime.
Las fuerzas armadas no toleraron ese procedimiento y volcaron a las calles de la Ciudad de Buenos Aires una represión salvaje. La policía apuntó sus escopetas de gases lacrimógenos al cuerpo de los transeúntes, golpeó salvajemente a miles de desarmados manifestantes. Hubo heridos y muertos y la íntima convicción de que el gobierno militar se derrumbaba definitivamente.
Apenas tres días después, aquellos militares, diminutos soldaditos colmados de medallas inmerecidas, lanzaron una estrategia desesperada en favor de su permanencia en el poder de facto.

Invadían Malvinas.
Como cada uno de los acontecimientos de la historia argentina, envueltos en situaciones inverosímiles e improvisadas, las Malvinas se convirtieron en la excusa del espanto y las fuerzas armadas de entonces, empequeñecidas por la rapacidad de sus jefes y que habían procedido tan crudamente contra la civilidad durante seis años de caótico gobierno, mostraron su verdadero rostro cobarde y despojado de todo respeto al más elemental de los derechos humanos, llevando a la avanzada de la guerra a los ciudadanos más jóvenes, que sin preparación  psicológica ni bélica, opusieron su pecho a las balas enemigas.
“Y si los ingleses vienen, presentaremos  batalla”, como supo decir entre copas, ese desafortunado monigote devenido en Presidente. Y en medio de aquel hondo y desenfrenado lodazal, mataron a los chicos de la guerra.
Cuando los que no iban a venir hasta el Atlántico Sur alcanzaron la línea de los jefes, éstos se rindieron sin ofrecer resistencia. Lo supimos después, al enterarnos de los acontecimientos sucesivos en las islas Georgias y en Puerto Argentino.
La última estrategia de los militares para mantenerse en el gobierno, también había fracasado y no valía la pena arriesgar más vidas. Ya habían entregado a la muerte la vida de los jóvenes.
 Al igual que nuestro pasado, intentaban destruir nuestro futuro.
Han pasado treinta y cuatro años de esta tragedia nacional y la democracia nos permite decir cosas que la falta de libertad nos impedía.


Por ello nuestro reclamo soberano en los Organismos Internacionales debe seguir siendo contundente, debemos recordar que en esa época ya existían indicios serios respecto de la potencialidad petrolífera de la región y que más temprano que tarde, los envalentonados generalotes irían a entregar las reservas a quien los líderes mundiales les designen. Pero nuestra actitud fundamentalmente patriótica no debe olvidar a esos chicos. Verdaderos hijos de la tierra y de hombres y mujeres sin pan y sin trabajo que entregaron su vida por una causa lejana de sus íntimas convicciones y que hoy merecen de nosotros el máximo reconocimiento, ese que solamente puede hacerse efectivo a partir de una verdadera conciencia republicana, que construya un país que merezca ser vivido.


martes, 22 de marzo de 2016

40 años del Golpe de Estado de 1976
Un poco de historia……

                                                   Por Alberto Carbone

Dictadura y terror de Estado

A partir del año 1976, la Organización Obrera sufrió una herida de muerte. Los trabajadores argentinos se encontraron ante la imposibilidad de mantener abiertas sus Instituciones representativas, al igual que sucedió en cada período de la historia argentina, dominado por el Poder Político de facto.

Pero la dictadura iniciada a partir del mes de marzo de 1976, tuvo como aditamento la persecución y la tortura como principal accionar, configurando una política tenaz y solapada conducente a infligir miedo social a partir de la instalación del terror.
Como es dable suponer en este tipo de instancias, “el hilo se cortó por lo más delgado”, y los primeros en caer bajo las fuerzas de la represión constituyeron aquellos trabajadores que poseían algún tipo de representatividad en sus lugares de trabajo, dispensada a través del voto de sus compañeros de fábrica o de taller.
Cientos de trabajadores de todo el país eran “levantados” de sus lugares de trabajo y trasladados a lugares recónditos y desconocidos por la opinión pública.
Poco a poco surgió en el lenguaje popular un nuevo concepto que definía a quienes habían caído en las redes de esta maraña organizada sigilosamente y a espaldas de toda consideración moral. Comenzó a surgir entre la gente la palabra “desaparecido”, para definir de alguna forma esa actitud desconsiderada ante la vida de tantos.
Esta acción despiadada, como una provocación dirigida directamente hacia la opinión pública se fue generalizando. El mensaje final y concreto de esa actitud era evidente, generar la ruptura definitiva de toda consideración solidaria hacia el otro y tratar de salvar el “propio pellejo”.
Quienes aún no habían caído en las garras de la ignominia resolvían rápidamente abstenerse de realizar ninguna actividad política reivindicativa.
El terror a ser “chupado” constituía también el miedo a lo desconocido.
Nadie regresaba para advertir dónde había estado y por consiguiente no se sabía nada respecto de la suerte de quienes habían sido seleccionados.
El accionar solapado y ruin, orquestado por el ejército y las fuerzas de seguridad, no parecía centralizado, por ello fue tal vez, que se fuera gestando una especie de descentralización operativa, por la cual los jefes de cada región realizaban distintos emprendimientos y las vidas de quienes capturaban quedaban a merced de sus deseos más bajos y despiadados.
Ante esta circunstancia, fue difícil que los Gremios organizaran alguna acción de repudio al gobierno de facto.
Los años se sucedían sin esperanza para los familiares de los desaparecidos y el proceso hizo una primera eclosión en el año 1978 aprovechando la instancia del Mundial de Fútbol organizado por nuestro país.
Durante esos meses, las desapariciones forzadas de personas se multiplicaron por miles y la opinión pública no se enteró, entre el silencio cómplice de los medios de información y las exaltaciones deportivas.
Sin embargo, el proceso económico hacía agua y los militares no accedían a combinar sus intereses políticos con el desarrollo nacional.
La Central Obrera permanecía cerrada y los dirigentes que no habían podido asilarse en el exterior del país, en el mejor de los casos se encontraban purgando prisión en las cárceles de la dictadura.

La depresión política del gobierno de facto


Entre los años 1979 y 1982, se produjeron diversos sucesos provocados por el Movimiento Obrero, tendientes a manifestarse en contra de la evolución de los acontecimientos.
En realidad la dirigencia gremial comenzó a hallar paulatinamente consenso en la base obrera, debido a la presión que padecían en sus respectivos lugares de trabajo.
Algo había que hacer y en ese sentido tuvo importante la trascendencia que los Organismos de Derechos Humanos impusieron a la situación de nuestro país.
En todo el mundo se empezó a divulgar el grave problema argentino relativo a la desaparición forzada de personas y la presión dictatorial impresa por el gobierno de facto hacia la civilidad.
En Europa trascendían los reclamos de miles de exiliados que exigían ante los Organismos Políticos Internacionales una respuesta y una posición coherente de rechazo a las dictaduras latinoamericanas.
Esta impronta, obró como catarsis dentro de nuestras fronteras y provocó la reacción del Movimiento Obrero.
Fue así que en el año 1979 se provocó un primer paro nacional, impulsado por el Secretario General de la CGT, el cervecero Saúl Ubaldini.
A pesar del temor impuesto, la medida de fuerza tuvo una aceptación multitudinaria y el régimen, que basaba su poder a través de la represión, comenzó a resquebrajarse.
A raíz de esta realidad se fueron sucediendo un conjunto de acontecimientos que fueron configurando las luchas gremiales en medio del terror impuesto por el Estado dictatorial, basada en la actitud de la militancia gremial de los trabajadores argentinos, quienes configuraron un aporte por demás significativo a ese proceso de luchas.

La Movilización del 30 de marzo de 1982

El día 30 de marzo de 1982, la CGT y las 62 Organizaciones Peronistas, organizaron un paro y movilización multitudinario sobre la Plaza de Mayo. Los trabajadores fueron conducidos por sus dirigentes sindicales, quienes marcharon en primera fila de la manifestación tomados de los brazos, como un símbolo de unidad civil que recorrió todo el mundo.
El ejército no toleró la decisión y ordenó a la policía federal que reprimiera en las calles. El resultado de aquella histórica marcha, dejó como saldo un muerto y cientos de heridos, pero dejó al desnudo la inoperancia e incapacidad del gobierno de facto.
Uno de los últimos mentores de este desgraciado episodio denominado “Proceso”, fue el general Leopoldo Fortunato Galtieri, quien en su carácter de Presidente de la Nación, a partir de finales del año 1981, asumió con total desparpajo la decisión de iniciar una guerra contra Gran Bretaña, por la posesión de las Islas Malvinas.
El día 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas de la Argentina recuperaron esas tierras irredentas, de manera inconsulta y repentina. La gente se agolpó frente a la Casa de Gobierno, para aplaudir aquella acción reivindicativa, pero a la vez para criticar al gobierno militar, por su inconducta desde el mes de marzo de 1976 y por la salvaje represión a la que la habían sometido dos días antes.
El día 30 de marzo de 1982, la CGT y las 62 Organizaciones Peronistas se pusieron de pie. Los dirigentes obreros más representativos junto con los trabajadores se movilizaron hasta la Casa de Gobierno en reclamo de sus derechos cívicos.
Los trabajadores recibieron el apoyo y la compañía de los Partidos Políticos, quienes reunidos en una Organización autotitulada “Multisectorial” acompañaron al grueso de la movilización, desplazándose encolumnada detrás de sus dirigentes políticos y gremiales, los cuales marchaban tomados del brazo al frente de los trabajadores.
Los sectores medios, también se hicieron presentes en la gran marcha, llegando a través de los medios de locomoción habituales.
Esta marcha, transformada en gigantesca Asamblea Popular, reclamó al gobierno militar que concluya con el régimen de facto y convocase a elecciones generales en forma inmediata.
La respuesta no se hizo esperar. La decisión de un grupo de manifestantes de ingresar a la Casa Rosada junto con los líderes políticos y gremiales que entregarían un petitorio firmado por miles de personas, precipitó la furia y desencadenó la violencia.
Las balas de goma y los gases lacrimógenos inundaron el centro de la Ciudad de Buenos Aires, por espacio de varias cuadras a la redonda.
La Policía Federal  recibió la orden de realizar un cerco entre la Plaza de Mayo y la Avenida 9 de Julio, provocando el encierro de los manifestantes dentro del ámbito de la represión.
Muchos compañeros fueron apresados y otros lograron refugiarse en bares aledaños. Muchos comercios fueron atacados por las fuerzas policiales, inundando los locales con gases lacrimógenos.
La multitud superó con creces la capacidad represiva y la mayoría de la gente logró huir, sabiendo que el gobierno de facto había decidido continuar con la dictadura.
Sin embargo, los militares sopesaron muy bien los resultados de aquella jornada y advirtieron que si optaban por la continuidad del gobierno, deberían tomar otra actitud, dando señales serias de un cambio político.
Demasiado sujetos a las directivas de los organismos de Crédito Internacionales, no tenían mucho margen de maniobra para proceder. Así fue que se les ocurrió, entre “gallos y medianoche”, recuperar las Islas Malvinas y brindárselo al pueblo de la Nación como un acto reivindicativo de hondo sentido nacionalista, que posiblemente prolongaría su agonía.
El final de la historia bélica es bien conocido por todos los argentinos, la catástrofe en Malvinas precipitó la caída definitiva del régimen de facto y el país recomenzó una nueva etapa democrática, colmado de heridas de honda profundidad.

Fuentes Bibliográficas:
CGT. Archivo de la Confederación General del Trabajo.
CONGRESO NACIONAL. Archivo de la Hemeroteca Nacional
MINISTERIO DE TRABAJO DE LA NACIÓN. Biblioteca de Asuntos Laborales