miércoles, 7 de junio de 2017

La conjura de los necios
 Necio es quien insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.




Por Alberto Carbone

Hace pocos años, durante un viaje a la ciudad de Cusco, fui invitado a presenciar un recital de música andina dentro de la imponente catedral. Resultó ser un grupo de origen chileno, muy bien formado y de excelente calidad artística. Concluido el evento, me acerqué a uno de sus integrantes para felicitar al conjunto, y le referí respecto del buen nivel ejecutado, haciéndole referencia a que una vez más los chilenos demostraban la eximia calidad interpretativa de los instrumentos del altiplano, como lo hacían varios de los conjuntos transandinos que conocí durante todos estos años. También destaqué la amabilidad y la fraternidad que denota por lo menos la mitad de su pueblo, lamentando que la otra, necia e ignorante, se mantuviera aferrada en la defensa de la dictadura pinochetista, a pesar de las heridas, demostraciones palpables de dolor y sometimiento que padeció la sociedad y de las pruebas de entrega y vaciamiento económico soportado por ese país. El joven músico se sonrió y como toda respuesta dijo: “tenías que ser argentino”.
Hoy, algunos años después de estos acontecimientos, descubro con dolor que lo expresado en aquel momento por el músico chileno es cierto en la actualidad. Porque en aquel entonces, como argentino, me expresé con sorna hacia el pueblo hermano transandino y desde una postura de falsa superioridad, error que cometemos demasiadas veces los porteños en el exterior, dictaminé que el cincuenta por ciento de los chilenos no habían comprendido el cambio de época y consecuentemente, no habían advertido los cambios políticos que empezaban a efervescer en América Latina. Tal vez por ello, después de tantos años de finalizada la dictadura, persistían en su defensa.
Pero el tiempo se encarga de todo. Así dice un viejo proverbio. Porque con el transcurso de los años, los argentinos también bebieron de esta pócima.
Después de la violenta depresión que significó en nuestro país el año 2001, que provocó hambre y desolación para toda la sociedad, pero sobre todo la destrucción de valores y costumbres en la enorme Clase Media que nos representa, el país vivió doce largos años de estabilidad y recurrente prosperidad, impulsada a través de medidas políticas que se tomaron con decisión y valentía, a pesar de profundas críticas que desembozadamente proferían los sectores sociales de mayor poder económico.
Por sobre todos esos factores que se oponían a la nueva empresa y contra viento y marea, la política económica y social del Kirchnerismo se afianzó, recuperando el bienestar que creían perdido, de vastos sectores de la sociedad.
Sin embargo, mucha gente perteneciente a la voluminosa Clase Media nacional, que experimentó mejoras sustanciosas durante aquellos doce años, no dudaron en escuchar los cantos de sirena de periódicos como La Nación, que jamás representó a otro Sector que el agrícola-ganadero, o los fragorosos toques de Clarín, llegados desde el autotitulado “gran Diario Argentino”. ¡Sabe hasta lo que he escuchado en este país Sr. Lector?. ¡Que el Kirchnerismo se había robado todo!. ¡Que si cada uno de nosotros estaba mejor era por esfuerzo propio y no por la política del Kirchnerismo!. ¡¡¡Que lo mejor era un cambio político para que los malos no se perpetuaran en el Poder!!!.
¿Sabe Sr. Lector cuál fue el remedio que encontró esa gente que hablaba así, para terminar con el Kirchnerismo?.
“Votarlo a Macriano”!!!!!.
¡Si!. ¡¡Se lo juro!!. ¡¡¡Hubo gente en este país que prefirió votar a semejante pánfilo con tal de terminar con el Kirchnerismo!!!!. Con ese Kirchnerismo que le permitió viajar al exterior, cambiar casa y auto, comprarse ropa, tener un hijo y poder mantenerlo, y para los menos pretensiosos, cambiar el celular!!. 
Situaciones todas que para el desvergonzado de González Fraga, no deberían haber estado jamás accesibles para la inmensa mayoría de la Clase Media.
¡¡Una aseveración que demuestra una vez más que los logros sociales se deben a las políticas implementadas por el gobierno y no solo al esfuerzo individual!!. ¡¡Si no dígame porque ahora no puede acceder a todos los bienes que antes sí accedía con el Kirchnerismo!!!!!.
Pero ahora quienes votaron a Macriano o lo niegan, se esconden, o sueltos de cuerpo, lo justifican.
Es como si hubiera una especie de acuerdo tácito e irracional. Pareciera que algunos enceguecidos y caprichosos no quieren reconocer su error, aun advirtiendo que están cada vez peor en relación con los años anteriores.
A veces daría la impresión de que se tratara de una especie de confabulación a través de la cual evitar reconocer un error flagrante y de esa forma sentirse menos desvalido intelectualmente.
A mal de muchos consuelo de tontos, decía mi abuela. Para ser necio y pasar inadvertido, no hay nada mejor que juntarse entre varios, un grupo lo más numeroso posible. En medio de la igualación de pareceres, parecer así un poco más parecido a la normalidad. Esa normalidad que otorga la “norma”. La que impera como modelo desde las páginas de Clarín o desde la Nación. El individuo normal que vota a Macriano por recomendación de Canal 13 o de TN.

 Esa normalidad asociativa que conspira contra ellos mismos y los hace vivir con la alegría de estar un poco peor cada día. “Vivir en la incertidumbre del futuro incierto”. No lo digo yo, lo dijo el ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, ese, que puso Macriano. Una conspiración que es propia de los necios y que yo, inocentemente, creí que en la Argentina no se cosechaba.

viernes, 21 de abril de 2017

Un pacto para vivir



Por Alberto Carbone

Un pacto para vivir, odiándonos sol a sol revolviendo más en los restos de un amor, 
con un camino recto, a la desesperación
¿desenlace? en un cuento de terror.

 Bersuit Vergarabat 


Podemos reflexionar respecto de los procedimientos que lleva a cabo el actual gobierno. Algunos lo definen Neoliberal, otros prefieren el mote de conservador, hay quienes se derrumban frente a las expectativas caídas, porque le habían otorgado una cuota de esperanza.
Pensemos como pensemos, es cierto que nos encontramos definitivamente en un grave problema.
Es que una de las consideraciones más falaces que hemos oído de parte de esta administración, es la de haber supuesto que con su advenimiento evitaban que nuestro país siguiera los pasos de Venezuela.
Algo de ello es cierto. Allí también existe una grieta. La actualidad nos lo demuestra palmariamente. Existen dos orientaciones políticas bien definidas, dos caminos disimiles que se chocan y ante los cuales es difícil transitar.
Aquí también. En Argentina la “grieta” traduce dos modelos de administración, dos rumbos que no pueden cohabitar.
Pero si la grieta existe en ambos países, qué evitó el advenimiento de la administración “Macriana”?.
Piense. Recuerde. Las Organizaciones Obreras le reclamaban al gobierno anterior dos temas específicos: el primero relacionado con la inmensa cantidad de beneficios que obtenían los sectores más bajos de la sociedad, traducidos en planes sociales, salubridad hospitalaria, educación, etc. Proferían que se trataba de beneficios que conseguían una gran cantidad de extranjeros, “hermanos latinoamericanos”, decían y “gente” del interior del país, radicados en CABA y en el Gran Buenos Aires. El otro tema, específicamente relacionado al “impuesto a las ganancias”, exhortaba al gobierno a que deponga su actitud de incluir a la famosa “cuarta categoría” dentro del pago de ese impuesto, en virtud de que incluía injustamente a gran cantidad de asalariados, y resumían su exigencia con la famosa frase: “el salario no es ganancia”.
Usted lo recuerda, claro.
Bueno, ¿Qué hizo este gobierno con referencia a estos temas?.
Los mantuvo. ¡Siguen vigentes!. Con el agregado de que está desfinanciando los hospitales públicos.
Usted se preguntará entonces: ¿Qué hacen los Medios de Comunicación masiva, que hostigaron al gobierno anterior durante meses por estos reclamos?.
¡Nada!. Si, usted lo sabe, nada. Se trató de una campaña de convencimiento a las capas medias de la sociedad, en contra de la actitud de un gobierno al que había que cuestionar y “cambiar”.
¿Se imagina lo que hubiera pasado con esos mismos Medios si el gobierno anterior hubiera quebrado a la industria nacional, generado miles de despedidos, incrementado la deuda externa y agudizado la grieta sociopolítica?.
Además, la imputación de corrupción, que han proferido y continúan haciéndolo desde los Medios concentrados, contra los últimos doce años, va desgajándose poco a poco en virtud de la sangría que ejecutan desde el gobierno actual contra los bienes de la Nación y de la demostración elocuente de la pretensión de vaciamiento del Estado a expensas de acordar negociados entre los miembros del actual elenco gubernamental.
Pero yo ya he vivido semejante debacle. Fue para la época del deceso del general Perón. El país había perdido a su conductor y quienes quedaban con la responsabilidad de continuar el gobierno, resultaron a todas luces incompetentes.
Es lo que está pasando en la actualidad. El economista Miguel Ángel Broda, insospechado ideológicamente de pertenecer a cualquier extracción peronista dijo esta semana: "El anterior gobierno dejó una herencia positiva que es baja deuda sobre el PBI. El problema es que estamos aumentando rápidamente esa baja deuda. Hemos regresado a ese deporte nacional, que es el endeudamiento masivo". “Quienes creímos en Macri tenemos una cierta desazón”.
Pero volvamos al tema Venezuela. Estimado lector. ¡No podemos parecernos a Venezuela!.
De la veintena de países miembros de América Latina, solo tres poseen su economía diversificada. Estos son: México, Brasil y la Argentina.
Podríamos esperar que nos sucedan situaciones similares a estos dos países, pero jamás al resto, en virtud de que su economía es extractiva y monoproductiva.
¡Es el caso de Venezuela!. Vivió un período de esplendor en virtud del alto precio internacional del petróleo. Único bien que genera. Si EE.UU. pretendiera poner de rodillas a ese país, le alcanzaría solamente con bajar ese precio internacional y generar que los ingresos no le alcancen para cubrir sus gastos corrientes.
¡No advirtió cuanto bajo el precio internacional del petróleo!.
La economía diversificada es más compleja. En Argentina, un verdadero ejército de mano de obra se expande por el conurbano bonaerense desde 1932, época del inicio del Programa de Sustitución de Importaciones, promovido por el Dr. Federico Pinedo, ministro de Economía del gobierno de Agustín P. Justo. Si. “La Década Infame”, famosa y oligárquica. Pero aquellos adinerados, eran inteligentes y advirtieron que si no generaban industria local, la crisis internacional del año 1929 podía producir en el país un estallido social. Crearon fuentes de trabajo y campearon el temporal.
¡Compare con la incompetencia de los actuales!.
Diez años después, el general Perón extendió el Programa y lo redondeó otorgándole beneficios sociales a esos pobres, que en palabras del historiador Juan Carlos Portantiero, se transformaron en los “obreros nuevos”.
No quiero extenderme. No alcanza una nota para explicar el problema argentino y su famosa “grieta”. Lo cierto es que de una u otra manera, los líderes de la ciudadanía deberán convenir un “pacto”. Un “Pacto para Vivir”. Para seguir adelante teniendo en cuenta la fabulosa policromía de nuestra sociedad. Pensemos que de lo contrario, todo emprendimiento llevará implícito el sello del fracaso.  Como dijo el querido poeta Pedro B. Palacios “Almafuerte”: ¡Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte!.


lunes, 10 de abril de 2017

Cachetazo Macriano
La Historia. “el pasado pisado”

                                           Alberto Carbone

Si la Historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra Historia. La verdadera Historia. Quien quiera oír que oiga”.
Eduardo Mignona


Frederick Nietzsche solía decir que “…a veces la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que sus ilusiones se vean destruidas” También dijo: “la Historia no es los pasado, sino lo que recordamos del pasado”.
Este comentario lo divulgaba también el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez.
Evidentemente, en Latinoamérica toda y en el país de los argentinos tenemos un problema con ese tema en particular.
Otro gran exponente latinoamericano del premio Nobel de literatura, el guatemalteco Don Miguel Ángel Asturias, supo escribir en uno de sus libros que: “la memoria es una viejecita ciega que de noche y a los tumbos se aprende el camino”.
En fin. Experiencias, recuerdos, tropiezos y ceguera. Ese parece ser el camino del Calvario elegido por el electorado argentino.
Un año antes de que el actual gobierno comenzara su periplo direccionando nuestro país a su autodestrucción, lo advertimos desde estas páginas. No por adivinos y falsos profetas. No por eximios conocedores de la realidad política nacional e internacional, ni por ser grandes pensadores. La verdad es que cualquier argentino con memoria lo advertía en ese momento.
No se puede destruir la economía nacional, desarticular el mercado interno de consumo y pretender a la vez progreso y bienestar. O son ignorantes o nos están mintiendo. Creo que hay un poco de todo en este elenco gubernamental.
A esta altura usted sabe quién se perjudica y quién se beneficia dentro de este Modelo de país.
Los únicos sectores de la economía nacional que han crecido y prevén un futuro venturoso son los grupos exportadores de materia prima.
¿Usted advirtió por ejemplo, cual es el vehículo más vendido en la Argentina?. Pregunte si no lo sabe y de paso averigüe cuál fue el de mayor venta durante la década posterior, la década que los discípulos del Clarinete denominan “perdida”. Nosotros desde estas páginas libres e independientes pudimos hablar, pudimos anticipar lo que se aproximaba, pudimos sembrar  nuestra palabra con la autenticidad que emana de este Medio de Comunicación ecuánime.
Resulta que los fanáticos detractores a sueldo de los grandes Medios nacionales, nos juraron y perjuraron que la administración del país estaba mal, que era necesario un cambio de timón, que con el cambio de gobierno no íbamos a perder nada de lo conseguido durante los últimos doce años y paralelamente íbamos a crecer más a través de la apertura de la economía.
Aquí lo tiene usted. Esto es lo conseguido a través de su voto. No alcanza que diga que no lo votó, como hacen muchos, porque no podemos negar la realidad. Este hombre ganó y ahora es dueño y señor de un impresionante barco, sin timonel. Tampoco sirve que acepte que lo hizo porque creyó indispensable un “cambio”. Sabe una cosa, esta última excusa es la peor. Porque cuando uno se propone cambiar, primero debe pensar el movimiento, evaluarlo, percatarse respecto de las condiciones de posibilidad del cambio y proceder en consecuencia.
Si usted se justifica por la segunda opción, diremos que cambió por lo que había. Se decidió por la oferta, diríamos. Bueno, ahora se está enterando que la oferta no valía nada. Que ni siquiera aquellos que tienen responsabilidad parlamentaria saben expresar la dirección y el sentido de esta administración. Cuando el cinismo que niega realidades y la petulancia de quienes creen que saben lo que desconocen, se enseñorea entre los dirigentes políticos con responsabilidad de gobernar, estamos perdidos.
Ya que estamos con frases célebres le recuerdo otra, una de China, seguro tiene más de mil años y dice así: “Dime de que te jactas y te diré de que adoleces”
 Aunque jamás lo reconozca, aunque no se anime a decirlo en voz alta, con un poco de racionabilidad lo debería admitir para sus adentros.

No alcanza justificarse con el estúpido estigma que se escucha bastante: “Son todos iguales”. Porque no es así. No son todos iguales o usted sigue sin entender nada y este “cachetazo macriano” no le ha alcanzado para valorar el tremendo fracaso de su decisión electoral.

martes, 28 de marzo de 2017

P.R.O
Provocador: fanfarrón, pendenciero, agresivo.
Resentido: molesto, disgustado, quejoso.
Obtuso: lerdo, torpe, necio.

                                                               ALBERTO CARBONE

No hay palabras elocuentes que narren la realidad que estamos viviendo. No existe manera de entender lo que pasa, si tratamos de encauzarlo a través de una comprensión hilvanada por el sentido común.
Los adultos con un mínimo de criterio recordarán características propias de cada gobierno que ha transcurrido hasta hoy. Esas notas esenciales, particularidades que indicaban la orientación, el sentido de tal o cual gobierno.
Recuerdo la etapa de la dictadura cívico-militar, por ejemplo, que aprovechó una política internacional proverbial para la circulación y expansión del sistema financiero internacional, y permitió el ingreso de cuantiosa cantidad de circulante en Dólares a cambio de pagar una tasa de interés más alta que el común denominador de los países de la región, pero garantizándose para sí, la seguridad de liquidez monetarista en una plaza que se secaba cada vez más, fruto del quiebre de la Pequeñas y Medianas Empresas, debido a su incapacidad de competir contra la importación de esos mismos productos que fabricaban en nuestro país, y que habiendo sido de mejor calidad o no, por lo menos prometían un precio final más bajo para el consumidor.
Recuerde cómo terminó ese proceso.
El Dólar estaba a veinticinco Pesos y la deuda externa ascendía en el año 1976 y por todo concepto, a siete mil quinientos millones de Dólares. En ese entonces, el financista norteamericano David Rockefeller, incorporó a las arcas del Banco Central de la República Argentina veinticinco mil millones de Dólares, a una tasa anual mucho más elevada que la calculada por la tasa LIBOR (London Inter-bank Offered Rate), generalmente utilizada en el mercadeo mundial.
Cuando el general Videla dejó el cargo de Presidente de la Nación, renunció su ministro de Economía, el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz. Rockefeller retiró su dinero del Banco Central y lo llevó a los EE.UU de América, sumados sus intereses. El país se quedaba sin liquidez y el Dólar trepó a cincuenta y cuatro Pesos la primera semana y la segunda a setenta y ocho. El Dr. Lorenzo Sigaut, reemplazante de Martínez de Hoz en el gobierno del general Viola, quien sustituyó a Videla, había exclamado como un vaticinio; “el que apuesta al Dólar pierde”.
El derrumbe se precipitó. Viola terminó mal, sustituido por el general Galtieri, a quien le aseguraron que si recuperaba Malvinas, el Proceso Militar reiniciaría, restaurando la imagen de las Fuerzas Armadas. Creo que el final lo conoce. La democracia inaugurada por el Dr. Alfonsín se convirtió en un mínimo baño de esperanza durante unos años.
Menem reinstauró el proyecto conservador de la elite económica nacional. Como era un gobierno democrático, no de facto, tuvo que demostrar una prueba de amor a los grandes capitales financieros para que aceptaran volver al país.
El reingreso de dinero fluido vendría sólo si el Presidente achicaba los gastos del Estado, Significaba vender el patrimonio nacional, deshacerse de la empresas del Estado Nacional. Así lo hizo. Adjuró de sus antiguos Principios Peronistas, y al mejor estilo del genial Groucho Marx, incorporó una de sus frases célebres: “Estos son mis Principios, y si no le gustan, tengo otros”.
La deuda del país ascendió desde los sesenta mil que había dejado Don Raúl hasta ciento veinte mil millones de Dólares. Argentina se endeudaba, no crecía, se liquidaba. Gobiernos de facto y democráticos lo habían hecho posible. Pero ambos tenían algo indispensable para lograr aquel cometido: la financiación.
No voy a mencionar el cambio a favor que obtuvo el manejo de la deuda externa durante doce años de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. La menor deuda eterna del Siglo XX, en relación con el Producto Interno Bruto. La Argentina podía volver a los Organismos Internacionales sin temor, porque su deuda era perfectamente amortizable. Pero no lo hacía porque ello significaba aceptar los condicionamientos de aquellos Organismos. Pero no voy a profundizar en ello. Quien quiera verlo lo verá. Quien no lo vea será por ignorancia, mala fe, o capricho. Pero la verdad es esa. Está perfectamente demostrado.
Estamos hoy en la tercera intentona conservadora desde el año 1976. El gobierno de “Macriano” nos ha enroscado en otra descomposición sin precedentes. En quince meses de gobierno endeudó el país en cien mil millones de Dólares. No sólo es la deuda más grande de todo el mundo en ese lapso, sino que además es para cubrir gastos corrientes. Esto significa que se utiliza para tapar agujeros. Los ingresos del país han menguado y el dinero que soluciona los temas cotidianos no está más. Los que lo tienen, ya no pagan impuestos por decisión de “Macriano”. ¿De dónde va a salir ese monto indispensable para sostener los gastos corrientes?: de la deuda externa. Como esta época no se caracteriza por la fluidez del movimiento de dinero alrededor del mundo, sino que más bien, las economías nacionales se retraen y se cierran en sus propios mercados internos, los Organismos Internacionales de Crédito no lo dan o lo otorgan muy caro. Es el caso de Argentina, que tiene que salir al mundo a solicitar préstamos a una tasa anual inconcebible. O sea que “Macriano” “no tiene financiamiento, para vivir de prestado”.
La conclusión: Este gobierno de resentidos y bravucones, que se cree dueño de la verdad, no tiene rapidez para “cambiar”. Es terco y con agresión quiere imponer su legitimidad para justificar su necedad. Su ignorancia e incapacidad para entender que son los tiempos los que han “cambiado”.
¿Qué sucederá si tengo razón y los mercados de capital se cierran para la Argentina definitivamente?.
¿Qué pasará en el país, si este modelo de crecimiento económico basado en el endeudamiento externo aniquila la base social y corrompe los valores indispensables para la supervivencia?.
¿Cómo van a justificar su proceder los funcionarios que hoy defienden el desmantelamiento nacional, ante un nuevo gobierno que intente reconstruir el cuerpo social y productivo?.
¿Qué sucedería si un nuevo gobierno se pronuncia por enjuiciar a quienes destruyeron el andamiaje básico y constitutivo de la soberanía nacional?.
¡Qué pasará cuando dejemos de “cambiar” para regresar a la construcción de un país que integre a los argentinos de bien!.




sábado, 18 de marzo de 2017

Hacer su Agosto



Por Alberto Carbone

El país de no me acuerdo

La verdad, creí haberlo visto todo en la vida.
Pasé por guerras y revoluciones. Como dice la canción de María Elena Walsh. Me tocó vivir los duros años setenta, con su prólogo democrático y la devastación de su epílogo. Padecí el dolor y la incertidumbre de una guerra sin sentido, sin cálculo, sin previsión, dirigida por cobardes y colmada de héroes en el Teatro de Operaciones.
Olí la primavera democrática que pintaron los alfonsinistas. Lamenté el derrumbe ético del Dr. Alfonsín cuando condonó las deudas de tantos degenerados que se sintieron dueños de hombres y hacienda amparados por la dictadura genocida.
Después vino el caudillo riojano émulo de Quiroga. Nunca creí en él, servidor de los Organismos Internacionales de Crédito. Por eso sus largos e interminables diez años me han dolido. Porque desde el principio sabía a lo que se exponía el país entregado a las manos de semejante personaje
Todavía hoy existen quienes afirman que con Menem estábamos mejor. Es así. “A de haber gente pa’ todo”, dice un cantor popular. Yo agrego. Sobre todo si la ignorancia no les permite reconocer sus errores y generar autocritica de su voto.
En esa época, la destrucción de la producción nacional y el avance indiscriminado de la importación, al igual que en el período de la dictadura, provocó en el país la multiplicación de la deuda externa.
Entre 1976-1982, creció cinco veces. De siete mil a treinta y cinco mil millones de Dólares.
La década menemista llevó ese monto a más de cien mil millones.
Los recursos económicos que el país ya no producía, la caída de los puestos de trabajo, la transformación del Estado a su mínima expresión, el hambre, la desprotección sanitaria, el abandono a su desgracia a miles de personas. Todo, se cubrió con dinero que el capital financiero introdujo desde el exterior a tasas descomunales, que la Argentina se comprometía a pagar sin tener recursos genuinos y por ello, recurriendo a la generación de más y más deuda externa. Cuando ese capital especulativo se retiró, la Argentina quedó como debía quedar: fundida.
 Todo gobierno que asume la responsabilidad de administrar un país, debe tener un programa abarcativo, totalizador, destinado a desarrollarse durante el lapso de su responsabilidad. Ese proyecto, debe ser fruto de la forma en que el grupo en cuestión define el estado de situación de todas las variables que hacen funcionar el país. Identificadas las fortalezas y debilidades de índole política, social y económica, el gobierno toma su decisión de gestión. Eso tiene que ver con la ideología.
Cuando hablamos de ideología tenemos que tratar de ser específicos.

El Desarrollo como hipótesis transformadora

La Argentina está configurada como uno de los países en desarrollo. Esto significa que está en camino hacia su crecimiento económico y social, imitando los pasos de los pocos países desarrollados y en carrera junto a cientos de regiones del planeta que persiguen el mismo objetivo.
Técnicamente, para el gobierno actual, los doce años de Kirchnerismo configuraron un atraso en la consecución de esa meta.
La única solución de la presente gestión política es que nuestro país habrá su economía, permitiendo el ingreso irrestricto de productos elaborados del exterior e invite a los capitales internacionales a la inversión productiva y financiera, para inyectar liquidez monetaria y propender a la instalación industrial que fomente el trabajo y la producción.
¿Pero qué sucedería si nuestro país junto al resto de naciones en vía de desarrollo lograran aquel flujo formidable de capital que fomente el crecimiento?.
 Indudablemente no alcanzarían los recursos naturales del mundo para abastecer la demanda de millones de personas.
Actualmente, los pocos países desarrollados que persisten aún en la geografía planetaria, han agotado sus propios recursos naturales y abastecen sus demandas de las precarias economías subdesarrolladas.
Es así que el consumo de un norteamericano quintuplica el de un consumidor argentino de clase media. Por ello, es tan necesario para el gran país del Norte el abastecimiento permanente de parte de los países pobres, que justamente obtienen escasa retribución por sus recursos primarios, para que la marcha de la economía desarrollada se sostenga en el tiempo.
No sería viable el planeta si los países pobres se recuperaran y aumentaran su producción industrial utilizando sus propios recursos primarios. Dejarían de abastecer al mundo desarrollado y por ende, la ecuación no cerraría para ellos, que se quedarían sin materia prima para su propio bienestar.
Por ello, creernos que la teoría que dice que el mundo desarrollado ingresa su capital para contribuir a mejorar nuestras pobres economías es un mito. Y el sostenimiento de ese mito por parte del gobierno es una estafa.
Para que un Modelo de Desarrollo se sostenga en el tiempo, debe haber si o si un Modelo de Subdesarrollo que posibilite que el esquema funcione.
Eros y Tanatos, dijo Freud. El Yin y el Yang de los chinos. El aporte sobre las Contradicciones de Mao. Si me permite, hasta la Tercera Posición de Perón.
Varias teorías lo explican.

Sin el subdesarrollo, el mundo desarrollado no tendría condiciones de viabilidad. Medítelo por favor. El argumento del gobierno actual tiene un horizonte pobre y pequeño para el país, pero elevado y generoso para un sector social que no parará de enriquecerse. Para eso ocuparon el gobierno, acompañados por el voto de miles que sólo tenían que detenerse a pensar en todo esto y sin embargo tomaron el camino del Cambio, propuesto por los grandes Medios de Difusión, que también, como dijera Miguel de Cervantes Saavedra, están haciendo su agosto.

martes, 7 de marzo de 2017

Cachetazo Macriano
La Historia. “el pasado pisado"

 Alberto Carbone


Si la Historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra Historia. La verdadera Historia. Quien quiera oír que oiga”.
Eduardo Mignona


Frederick Nietzsche solía decir que “…a veces la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que sus ilusiones se vean destruidas” También dijo: “la Historia no es los pasado, sino lo que recordamos del pasado”.
Este comentario lo divulgaba también el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez.
Evidentemente, en Latinoamérica toda y en el país de los argentinos tenemos un problema con ese tema en particular.
Otro gran exponente latinoamericano del premio Nobel de literatura, el guatemalteco Don Miguel Ángel Asturias, supo escribir en uno de sus libros que: “la memoria es una viejecita ciega que de noche y a los tumbos se aprende el camino”.
En fin. Experiencias, recuerdos, tropiezos y ceguera. Ese parece ser el camino del Calvario elegido por el electorado argentino.
Un año antes de que el actual gobierno comenzara su periplo direccionando nuestro país a su autodestrucción, lo advertimos desde estas páginas. No por adivinos y falsos profetas. No por eximios conocedores de la realidad política nacional e internacional, ni por ser grandes pensadores. La verdad es que cualquier argentino con memoria lo advertía en ese momento.
No se puede destruir la economía nacional, desarticular el mercado interno de consumo y pretender a la vez progreso y bienestar. O son ignorantes o nos están mintiendo. Creo que hay un poco de todo en este elenco gubernamental.
A esta altura usted sabe quién se perjudica y quién se beneficia dentro de este Modelo de país.
Los únicos sectores de la economía nacional que han crecido y prevén un futuro venturoso son los grupos exportadores de materia prima.
¿Usted advirtió por ejemplo, cual es el vehículo más vendido en la Argentina?. Pregunte si no lo sabe y de paso averigüe cuál fue el de mayor venta durante la década posterior, la década que los discípulos del Clarinete denominan “perdida”. Nosotros desde estas páginas libres e independientes pudimos hablar, pudimos anticipar lo que se aproximaba, pudimos sembrar  nuestra palabra con la autenticidad que emana de este Medio de Comunicación ecuánime.
Resulta que los fanáticos detractores a sueldo de los grandes Medios nacionales, nos juraron y perjuraron que la administración del país estaba mal, que era necesario un cambio de timón, que con el cambio de gobierno no íbamos a perder nada de lo conseguido durante los últimos doce años y paralelamente íbamos a crecer más a través de la apertura de la economía.
Aquí lo tiene usted. Esto es lo conseguido a través de su voto. No alcanza que diga que no lo votó, como hacen muchos, porque no podemos negar la realidad. Este hombre ganó y ahora es dueño y señor de un impresionante barco, sin timonel. Tampoco sirve que acepte que lo hizo porque creyó indispensable un “cambio”. Sabe una cosa, esta última excusa es la peor. Porque cuando uno se propone cambiar, primero debe pensar el movimiento, evaluarlo, percatarse respecto de las condiciones de posibilidad del cambio y proceder en consecuencia.
Si usted se justifica por la segunda opción, diremos que cambió por lo que había. Se decidió por la oferta, diríamos. Bueno, ahora se está enterando que la oferta no valía nada. Que ni siquiera aquellos que tienen responsabilidad parlamentaria saben expresar la dirección y el sentido de esta administración. Cuando el cinismo que niega realidades y la petulancia de quienes creen que saben lo que desconocen, se enseñorea entre los dirigentes políticos con responsabilidad de gobernar, estamos perdidos.
Ya que estamos con frases célebres le recuerdo otra, una de China, seguro tiene más de mil años y dice así: “Dime de que te jactas y te diré de que adoleces”
 Aunque jamás lo reconozca, aunque no se anime a decirlo en voz alta, con un poco de racionabilidad lo debería admitir para sus adentros.

No alcanza justificarse con el estúpido estigma que se escucha bastante: “Son todos iguales”. Porque no es así. No son todos iguales o usted sigue sin entender nada y este “cachetazo macriano” no le ha alcanzado para valorar el tremendo fracaso de su decisión electoral.

lunes, 27 de febrero de 2017

Mentira la Verdad
¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? 
Cuando la mentira es la verdad
DIVIDIDOS





Alberto Carbone

¿A usted le parece?.
Hace un año que vivimos en otro país. Este no es el lugar donde habitábamos. La gente padece. La clase media ha perdido la seguridad de sentirse incólume. El pobrerío ha vuelto a habitar las calles por cientos. Los chicos de la calle son más de la calle que de sus familias. Las escuelas se proyectan casi vacías para este año. Los hospitales devastados. El trabajo de la gente desaparecido. Los jubilados sin medicamentos.
Podría continuar. Pero es indispensable saber primero a usted qué le parece.
Si a pesar de todo esto que he enumerado a vuelo de pájaro a usted no se le mueve un pelo, la verdad que estamos en problemas muy serios.
¿Sabe por qué?. Porque no alcanza con culpar de todo a la anterior administración. Si usted adquiere un bien mueble o inmueble en malas condiciones, seguramente va a atribuir al anterior dueño la culpa por el estado del bien, porque es claro que usted encarará una reparación y la tiene que justificar. Ahora, si lo adquirió para deteriorarlo más aún, no se entiende para qué tomó la responsabilidad.
Nos pasa lo mismo con el país. La actual Administración impulsó una crítica contra el deterioro que provocó el Kirchnerismo y resulta que la solución para esos males que nos aquejan nos sumergió en una crisis social y económica sin precedentes, que lamentablemente anteceden a una hecatombe política.
El gobierno actual está perdiendo el apoyo de sus más conspicuos defensores dentro de los Medios de Prensa acólitos. Es lógico. Nadie con algo de sentido común quiere quedar pegado a sabiendas a una aventura de ribetes nefastos.
Dijeron que el remedio a todos los males acontecía a través de la apertura de la economía. El tan proclamado ingreso del país al mercado externo. Para ello es necesario abrir la economía, reingresar en las exigencias del FMI, eliminar los impuestos a los exportadores. Resultado: La mayor deuda externa que ha tomado este país en un año de gestión, la destrucción de las PyMEs, del salario, del empleo y sobre todo la caída del consumo con la muerte de la demanda.

Por sus frutos los conoceréis
¿Usted no se pregunta hacia dónde vamos?.
Sabe una cosa, no me interesa lo que piensa usted de Cristina, de la anterior Gestión, de la política de subsidios a los sectores más humildes, de si cree que desde hace un año vivencia un avance o un retroceso en el país. Sólo me interesa saber si en algún momento, en estos últimos doce meses llegó a preguntarse hacia dónde vamos.
Este cinismo que manifiestan los miembros del Gobierno supera la ficción. Desde el Presidente hasta el funcionario menor que se le ocurra, recorren su discurso sobre una falsedad de Perogrullo. “Estamos mal pero vamos bien”, les falta decir. La famosa cantinela popularizada por Menem.
Ya sé que muchos de quienes leen esta nota no han vivido la época del gobierno de Menem. Menos aún la etapa de la última Dictadura. Pero esa cuestión no los disculpa. Porque la mayoría de los votantes han asistido a los últimos doce años e indudablemente hoy sienten diferencias en sus bolsillos, en su capacidad de compra, en su vida cotidiana.
Si había algo para solucionar o reestructurar del gobierno anterior, seguro que este camino no era el cambio adecuado.
Con una política mundial que gira hacia otro sentido del que intenta imponernos el actual gobierno. Inmersos dentro de un Mercado Mundo que se cierra cada vez más y que postula que cada economía nacional resuelva sus problemas puertas adentro, es evidente que la proyección de nuestra propia política económica, encarada hacia el sentido opuesto al mundial,  nos dará negativa.
La política financiera global sigue haciendo su propio negocio sin pensar si Argentina necesita ayuda. El aumento de las tasas de interés de los créditos internacionales para nuestro país demuestra lo mismo, el poco grado de confianza del Sistema Financiero internacional.
Con sólo un año de Gestión, este gobierno no fructifica ni florece.
Aparte de esto, advierta por favor que no digo nada de los vergonzantes negociados que están saliendo a la luz. Materia seguramente de otro comentario.
Sólo miro la realidad, la caída profunda de la actividad económica, la tremenda inflación, la abolición del consumo, la destrucción de la industria y la voluminosa multiplicación de la deuda externa.

¿Usted todavía no se percató?.