viernes, 7 de abril de 2023

 

Tengo





Alberto Carbone

 

Cuando me veo y toco yo, Juan sin Nada no más ayer, y hoy Juan con Todo,

 y hoy con todo, vuelvo los ojos, miro, me veo y toco

 y me pregunto cómo ha podido ser.

Nicolás Guillén

 

 

 

La tragedia que vive hoy el estamento más bajo de la sociedad argentina dejó de ser alarmante para convertirse en trágico.

Usted dirá posiblemente que el dramatismo de mi aseveración pretende imponer ribetes severos, problemáticos y hasta exagerados al análisis de la realidad.

Pero permítame decirle que no es así.

Porque una situación dramática posee en sí misma el anhelo y la esperanza de la redención.

La tragedia en cambio es gravosa para con su resolución e irreconciliable con alguna posibilidad de salvación.

La vida que sobrelleva el grueso de la población nacional trasunta visos elocuentes de gravedad insoslayable.

La pobreza se multiplica a raudales en todo el país, aún en la ciudad puerto, la más beneficiada por los dones de nuestra historia, y lo peor de esta promiscuidad es que se consolida palmariamente sin solución de continuidad, ante la mirada procaz y naturalizada de los transeúntes.

Es que un nutrido grupo de compatriotas se ha convencido de que la libertad es antónimo de populismo y asimila el primer concepto al de “libertarios” y el segundo al de Peronismo.

Los Medios seudo periodísticos hacen su agosto.

Focalizan en la idea de que cualquiera que emerja como candidato contra el poder popular debe ser acompañado por el voto.

Los transeúntes, que ignoran la historia, el pasado de sus ancestros, las causas que originaron su relativa condición social superior, compran ese precepto y votan en consecuencia.

Un intento de interpretación respecto de la causa de este proceder de la Clase Media, podría deberse a que la Argentina no posee en la actualidad memoria de haber padecido etapas de hambrunas terribles y coléricas.

Podría explicarse esta situación debido a que en comparación con el resto de Latinoamérica, nuestro país enfrentó inteligentemente aquel episodio clave del primer tercio del Siglo XX, cuando la llamada Gran Guerra del catorce fue sucedida por la quiebra de las finanzas en Wall Street.

Al desmoronamiento del Mercado Mundial que comenzó en 1914 y continuó después de 1918, le sucedió una explosión de júbilo sobredimensionada que exacerbó las inversiones, subestimó el alza de los activos de las empresas que cotizaban en la Bolsa de Nueva York y solo diez años después esa economía entusiasta y exaltada explotó como un gigante Zeppelín, como un tremebundo tsunami que llegó rápidamente a todas las costas.

Poco después, en nuestro país, derrocarían a Yrigoyen.


General Agustín P. Justo


Así fue. Don Hipólito era radical. Un Partido Político nacional que actualmente solo utiliza su nombre y que ha renunciado a todos los postulados de sus primeros líderes.

Inmediatamente después del primer gobierno “populista” se sucedieron los gobiernos de la denominada Década Infame.

Eran liberales casualmente, como se hacen denominar coléricamente algunos políticos contemporáneos.

Después del interinato militar del general Uriburu, accedió a la Casa Rosada el general ingeniero Agustín Pedro Justo. Firmes representantes del Poder económico local, tanto que su vicepresidente se llamó Julio A. Roca, “Julito”, porque era el hijo de su padre homónimo, conquistador del desierto, en la famosa “campaña del año 1879”.

En el cargo de ministro de Economía estuvo asignado el Dr. Federico Pinedo, abuelo del actual senador, también homónimo del economista.

Ministro de Economía Federico Pinedo


El hambre se enseñoreaba.

Ingresaba abruptamente en todas las casa de los pobres, tanto en las de los hijos y nietos de los naturales americanos como en los hogares de los hijos de los inmigrantes europeos.

La crisis no se compadecía de nadie. Mortificaba a los más humildes, entumecidos alrededor del desamparo y solamente atenuaba los caprichos del reducido sector social dueño del Poder de la renta del territorio.

El ministro de Economía entonces evaluó la situación y elaboró su estrategia.

La obra pública se incentivó y se promovió y patrocinó que el sector nacional poseedor de Capital, invirtiera en establecer industrias urbanas enfocadas en el ejercicio denominado como “sustitución de importaciones”.

Pinedo proclamó al país su Proyecto diciendo:

“Este programa persistirá hasta que la gran rueda del Capitalismo mundial, dentro del cual nosotros somos un simple engranaje, vuelva a ponerse en marcha”.

Los liberales auténticos, pensantes, calculadores, hábiles políticos, advirtieron que podría sobrevenir alguna explosión social en medio de la pandemia financiera y la evitaron.

Los actuales liberales auto postulados como tales, ignorantes, incapaces, limitados, sin ninguna otra preparación que la de esmerarse en aparecer en los Medios afines para acceder a un cargo político, se auto titulan liberales pero están vacíos de contenido. Singularmente parecido a la actitud de quienes se denominan radicales y no oyeron jamás  hablar siquiera de Leandro N. Alem.

Mientras tanto, vamos camino a una prueba de hierro.

Si los conservadores recuperaran el Poder político por medio de los votos, no dude usted, que se consolidará la tragedia. La generalización de la pobreza será unánime.

Por ello, quienes todavía ignoran estas consideraciones, deben comenzar a aprender que un pobre también es un ser humano, y que como tal tiene derecho a poseer dignamente la provisión de su sustento.

Porque “Tener” no significa elevarse sobre los demás fruto de una brutal desproporción de riqueza. “Tener” significa simplemente eso. El derecho a la vida. O en otras palabras, que cualquier hombre o mujer pueda decir: “Tengo lo que tenía que tener”.

lunes, 6 de marzo de 2023

 

Con la Pata en el Polo

Cuarteles  de Invierno

 


por Alberto Carbone

 

La región austral es compartida por dos países que racionalmente hubieran debido establecer entre ambos relaciones permanentes a través del tiempo. Tratamientos firmes, compartidos y previsibles, propios de aquellos que han convergido en preceptos similares fruto de un origen común.

Pero en cambio no es así. Nunca lo fue.

Porque la Argentina y Chile solamente comparten el macizo andino y la característica selecta, propiciatoria y singular de haberse constituido como República al calor de las apetencias de las elites respectivas, maniobra voluntariosa, interesada e interesante, que con el transcurso del tiempo y de la historia pergeñaron a fuerza de imposición, una legalidad constitucional establecida a su imagen y semejanza.

Los pueblos originarios, en cambio, convidados de piedra dentro de aquella novísima instalación constitutiva, fueron despojados primeros de su único valor intrínseco, caracterizado por la tierra y posteriormente sumidos en la esclavitud al servicio de los recientes, “sacrificados”, “valerosos” y “modernísimos” emergentes de la  ideología occidental y por supuesto, cristiana.

Así fue que año tras año y a costa del latrocinio, el despojo, la mutilación y el asesinato despiadado, el Cono Sur de América, se convirtió en el paraíso del “patriciado”.

Porque imagine usted, Señor, Señora, que si la elite se enarbola a sí misma encaramada como sublime poseedora de un vasto territorio ávido de ser explotado económicamente, deberá necesariamente garantizarse legalmente su heredad por los siglos de los siglos, sobre todo teniendo en cuenta que los infelices aborígenes, forzosos derrotados de una guerra no deseada, hubieron perdido todo derecho a reclamar por lo que había dejado de ser su propiedad natural y a pesar de los esfuerzos denodados y de las tribulaciones del liderazgo de los “patriotas” de sangre europea, no habían desaparecido totalmente, porque como supongo que usted se imaginará, a un pueblo no puede matárselo en su totalidad, aunque la siniestra pretensión sea ventilada y esforzadamente ambicionada en los hechos por la “gente de bien”.

De esa forma y con aquellos instrumentos violentos, deshonestos y tramposos que sembraron impostura y horror sobre la humanidad de los seres considerados como indeseados, la elite se constituyó en el “núcleo patricio”, toda vez que incorporó a su “patrimonio” el factor de producción tierra, esencial para aquella época, signada por la actividad extractiva de la economía.

A esta altura, usted se estará preguntando la razón del título de la nota.

Bueno estimados, es que en realidad los argentinos conocemos una Pata de Corazón Helado, como si se hubiera afincado en el mismo centro intrínseco del Polo Sur.

Casualmente o no tanto su nombre es Patricia.

Tengo la necesidad de que recuerde lo que le voy a contar sobre esta mujer “patricia” de nombre homónimo. Su corazón de hielo la ubica como descendiente de aquella elite que se preocupó “afanosamente” por escribir una Constitución Nacional que le garantizara la legalidad de sus apropiaciones.

Los ancestros de la Presidenta del PRO formalizaron a través del brazo ejecutor del ejército argentino su derecho a la posesión del territorio que iban arrancando a los indios.

Justificados en el accionar del gobierno chileno, que estaba ejecutando contemporáneamente la misma experiencia contra los mapuches, determinaron que el avance de Chile sobre el Sur andino constituiría un peligro para los reclamos soberanos de la Argentina.

Blandiendo aquel pretexto, la elite porteña financió el equipamiento de la Campaña al Desierto del entonces coronel Julio A, Roca y después del genocidio aborigen, perpetrado en sólo un año, los atribulados dispensadores de dinero para pertrechos militares se agenciaron en propiedad las vastas extensiones usurpadas a los “salvajes”.

La persecución y el asesinato de miles fue el gran objetivo que convalidó primero una República y luego convalidó el concepto de “Nación”, sobre la base de costumbres y valores que la propia elite instituyó como verdades reveladas y a tener en cuenta por los “connacionales”.

En la otra cara de la Cordillera aconteció una historia similar.

Porque de un lado y otro del macizo andino proliferaban y se afincaban los pueblos mapuches, denominados con nombres diversos, pero descendientes de la misma etnia.

En la actualidad, Patricia continúa y persiste en blandir las características de su “patriciado” y lo justifica en la inmensa labor de tantos años sirviendo a intereses de sectores económicos y políticos determinados. Comenzó su derrotero infiltrándose en organizaciones populares, denunciando y promoviendo la muerte, después andando el tiempo y despojada de su patética versión populista, promovió la desaparición y exterminio de aquellos a quienes consideraba desagradables, inquietantes y peligrosos a los intereses de la elite o del Departamento de Estado de los EE.UU.

Muy similar a los objetivos del coronel Roca, devenido en general por sus servicios, pero eso sí, con procedimientos más modernos y dentro de la ley, porque el voto de un conglomerado de gente, concedió el visto bueno a las acciones desembozadas de la buena para nada.

Por todo ello es que la Pata permanece congelada.

Fría y calculadora, reniega y aborrece a las mayorías.

Si no fuera que posee tan corta, escasa, diminuta capacidad intelectual, que podría definirla como el símil femenino de las incapacidades del abombado Presidente de la Nación en 2015, deberíamos compararla con la otrora y ahora extinta “Dama de Hierro” de Gran Bretaña.

Es tan burda, mediocre e ignorante la Pato, que la comparación con aquella mujer salvaje y despiadada, nuestra pobre y mediocre mujer local, que tiene nuestra nacionalidad sin merecerlo, la considera un halago.

Es el Corazón Helado de una infeliz predestinación. La de ser el instrumento de los intereses de quienes verdaderamente ejercen el poder económico y que harán uso de su persona hasta que determinen su caída o pérdida de interés social como propuesta política.

Ese día, llevará su ignorancia, su prepotencia, su escasa luminosidad, su pobre imagen de mujer, sus toneladas de dinero recibido por tantos favores dispensados, a cuarteles de invierno.

viernes, 10 de febrero de 2023

 

La carga de los imbéciles.



 

por Alberto Carbone

 

Demasiados cofrades husmean en las páginas de Internet leyendo noticias que marcan a fuego lento el sentido común de una vasta y abigarrada militancia de ignorantes.

Demasiada cantidad, número elevado de individuos que no atinan a pensar por sí mismos, que aceptan lo que escuchan de las grandes emisoras, que elevan a juicio apodíctico las simples elucubraciones de quienes cobran salarios y reciben sobres para actuar y expresarse como si fuesen periodistas, miles de personas silenciosas que escuchan cotidianamente y que no saben que no saben.

Pero ellas también votan.

Ese es el juego de la Democracia.

El sistema electivo del cual los dueños del Poder real se han empoderado y gobiernan a la opinión pública con sus aseveraciones, con sus verdades reveladas, con sus valoraciones.

Los que votan a favor de aquellos que controlan el pensamiento y la decisión, no son otra cosa que un inmenso ejército de necios que cierran los ojos y escogen únicamente en cada fecha eleccionaria, la boleta para sufragar propuesta por los Medios de Información concentrados.

Ojo señor, señora lectora. En esos Medios no trabaja cualquier cristiano. Debe poseer particularidades necesarias y suficientes. Tiene que ser una personalidad con varios antecedentes laborales en ese ámbito, capaz de llegar con su palabra al término medio de la población, que sin facultad ninguna aceptará aquella opinión como palabra revelada.

Pero además, ese Poder real, detenta una particularidad suprema. Porque debe confeccionar las listas de personalidades electivas con nombres de individuos maleables y accesibles, hombres y mujeres incapaces de discernir por propia voluntad o bien que han decidido hacerse pasar por perfectos imbéciles, estos últimos para acreditar un buen pasar con una muy baja erogación, los primeros en cambio, auténticos ineptos que como tales no alcanzan a advertir el grado de su imbecilidad.

Claro, usted dirá, muy tarados no son, porque se supieron ubicar y resolver su futuro discrecionalmente. Es verdad. Si pensamos que el objetivo final y último de los seres humanos es su bienestar económico exclusivamente, prescindiendo de cualquier intención de carácter colectivo, entonces podemos decir que lo han resuelto bárbaro.

Pero lo que intento aclararle, abusando de su amabilidad,  es que ese típico y personal posicionamiento no es tampoco por alguna capacidad propia. Ellos han sido elegidos por representar un grado elevado de estupidez, afectada o infectada, en su capacidad racional.

El otro día, sin ir más lejos, observé el posteo que subió el ex intendente de Quilmes y cocinero locuaz, mostrando a quien quisiera ver cómo y de qué manera circulaba en auto jactándose de no usar cinturón de seguridad.

Otro ejemplo, es el referido a un legislador, muy pequeñito y mediático que se declara radical, con apellido casi obsceno, que subió una fotografía con una pala en la mano, para intentar demostrar a través de un cuadro elaborado por el Indec, la caída del empleo en nuestro país por efecto del gobierno actual, pero sin advertir que de esa misma tabla se deduce claramente que la debacle laboral fue propiciada en la época macrista, que no sé si sabe, él debería defender.

Otro ejemplo es la notoria polémica en twitter que desgranó un profesor de Ping Pong devenido en diputado contra una legisladora de su mismo Partido porque la dama se atrevió a criticar las acciones del Ministerio de Seguridad de Macri en época de la desaparición y asesinato de Santiago Maldonado. Una verborragia digna de un estúpido que dejó al rojo vivo las relaciones hacia el interior de su espacio político, pero que por supuesto, como era de esperar, el lúdico representante no evaluó.

Estas y otras situaciones demuestran palmariamente una y otra vez el elevado grado de estupidez de los candidatos de los sectores de mayor poder económico en la Argentina.

Gracias a su escaso o nulo nivel intelectual, a su inexistencia de sentido común y moralidad, a su desapego por la verdad y la justicia, a su único interés determinado en los negocios, a su rechazo infinito por los sectores de nivel más bajo de la sociedad, por su desconocimiento de la historia, por su falta total de ética y por su perfecta e inmensa ignorancia, es que conforman los cuadros candidatos de sus patrones.

No existe otro misterio.

El problema no son ellos, ni sus jefes y promotores directos. Porque sabemos que los primeros figuran en las listas para ganar dinero, vivir bien, resolver todos sus problemas individuales, disfrutar su cotidianidad con solo levantar la mano en cada voto del Recinto.

Los segundos, poseen como objetivo apoderarse del Sistema Político eleccionario para “facer riquezas”, como expresaban y aún hoy expresan los conquistadores de América desde el Siglo XXI, para tomar el control de todos los resortes básicos del país, para internalizar en el hombre común, quién es el que manda y quién el que debe obedecer.

Además y muy especialmente, para seleccionar estúpidos para que ocupen las bancas de la legislatura y no pregunten, solamente cumplan órdenes.

Unos y otros poseen sus vocaciones, que usted dirá después qué le parecen.

Pero el verdadero problema no son ellos.

El problema subsiste en los otros, en los millones que escuchan solamente las versiones que se multiplican y se consolidan en la opinión pública como verdad revelada. El auténtico problema son aquellos que siendo la gran mayoría no participa de uno ni de otro grupo selecto, pero que llegado el momento, los vota.

miércoles, 4 de enero de 2023

 

Un Soneto me manda a hacer Violante




por Alberto Carbone

 

 

Una pequeña complicación para las aspiraciones de Horacito.

Un artilugio más que facilitará Don Héctor.

 

 

Un Soneto me manda a hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto

…………………………………………

y parece que entré con pie derecho

pues fin con este verso le voy dando.

Lope de Vega

 

 

La impunidad termina siendo un arma de doble filo para el agraciado que la ejercita.

Mucha disponibilidad de dinero fácil, acaba por determinar al poseedor, quien supone confiadamente que todo su poder deviene de su caudal económico.

Resulta fuertemente significativo el resguardo, la protección, el constante privilegio que dispensan los Medios Nacionales concentrados para con el Jefe de Gobierno de CABA, el Sr. Horacio Rodríguez L.

En definitiva sucede lo mismo con todos los facilitadores de Magneto y compañía.

Estas calladas, silenciosas y conspirativas celebridades, son las que verdaderamente ejercen el poder, disponen de él, lo controlan a través del Poder Judicial, supervisan todo lo que disponen sus mandados, seres vacuos a quienes evalúan y rescatan de alguna u otra equivocación, error u omisión, en caso de que por supuesto,  les digan siendo útiles.

Esos viejos dignatarios que permanecen encima de los figurines funcionarios funcionales, son los genuinos amos de las decisiones políticas, son a la vez los amos del dinero, quienes escriben la historia cotidianamente, con la tinta exacerbada que contiene el papel moneda..

Por ello, usted comprenderá, espero que sí, que quienes ejercen el mando, no toman las decisiones de puño y letra, ordenan y ordeñan a sus monigotes bien pagos a que lo hagan por ellos.

Estos infames, infelices, crédulos de sus propias virtudes que no poseen, que no manifiestan por incapaces y mediocres, se tragan el personaje de ejecutor, se lo devoran.

Entonces salen a la calle a manifestar su impunidad con la libertad que ejercitan por disposición de Don Héctor.

Consecuentemente, lógicamente, comienza a producirse un ansiado milagro.

 De repente pareciera que estos verdaderos hipócritas decidieran acciones por sí mismos, que elaboraran planificaciones.

Que fuesen capaces de razonar sin esfuerzo.

Pero la realidad nos enseña que no es así el procedimiento.

Porque en cuanto estos acólitos comienzan a animarse a probar vuelo propio, caen atropelladamente al vacío como caen los cóndores cuando en la alta montaña se enceguecen ante la luz solar resplandeciente e incapaces de dirigir sus voluntades se precipitan sin esfuerzo a lo más profundo del abismo.

Esto es lo que está sucediendo con el pobre Horacio, desde su Jefatura de Gobierno cada vez más problematizada. Tratando de ocultar lo evidente.

La sinrazón de la vergüenza.

El exabrupto del escarnio.

Horacio eligió a Marcelo para el puesto en Seguridad.

Si Marcelo realizó y todavía hace negocios provechosos que comprenden miles de Dólares, debe existir algo en ese procedimiento que le debe convenir al locuaz Horacio.

Recordemos que todo se supo por los telefonitos inteligentes que tanto nos condicionan la vida.

¡Pero los mensajitos que le robaron a Marcelo son fruto de un accionar infame!.

¡Pensar que todavía no sabemos si detrás del bochorno está la cada vez más deslucida Patricia!.

Lo concreto es que los mensajitos se siguen reproduciendo vertiginosamente y el pobre Marce nos avisó a todos desde los Medios amigos que puede haber otros.

Él sabrá.

Violante, por ejemplo, el patrocinador de algunas de aquellas charlas de jugoso repertorio, debo decir que quedó expuesto injustamente.

¡En realidad no debería haberse sabido desde cuándo y cómo Violante lo manda a hacer Sonetos a Marcelo!.

Pero sin embargo y pareciera que sin autorización de Don Héctor y motivados por propia iniciativa de aquellos antagonistas de la misma fuerza política del Señor Horacio, los negocios se van ventilando, van promoviendo desgaste, van a la vez fomentando la licuación de varios contendores.

Violante quedó en el medio de una disputa de la que él al final no recibirá nada, salvo que en esa controversia el triunfador sea su facilitador de Sonetos.

¡Recuerden caballeros y caballeras!.

Al decir de D’alessandro: todavía faltan más mensajitos, aunque oportunamente  Marce haya decidido ausentarse a descansar sus fatigosos anhelos.

¡Todavía falta! y seguiremos diciendo:

¡Cosas Veredes Sancho!

 

domingo, 25 de diciembre de 2022

 

¡Un Perogrullo a la derecha!.




por Alberto Carbone

 

El Perogrullo es la obviedad. Muy pocas cosas suceden en la Argentina sin que lo obvio se manifieste.

El Poder Real está consolidado.

La opinión pública está cooptada.

Los jóvenes-viejos, que seríamos nosotros parecemos resignados y la juventud, parece que irremediablemente ha perdido su posibilidad de construir el futuro.

 

Si nos limitamos a investigar en la Historia Argentina , tratando de identificar entre nuestros connacionales a aquellos personajes que ciertamente no han estado a la altura de su pundonor como responsables del Poder Ejecutivo Nacional, nos encontraremos con variados ejemplos, más de los que imaginamos. Tanto es así, que para mejor organización del pensamiento, sería más oportuno y recomendable,  integrar a cada una de estas personalidades de acuerdo con la Centuria en la que han estado al mando y control de las decisiones políticas de gobierno.

Esta circunstancia nos ha acontecido en todos los niveles del Poder Ejecutivo.

Diversos individuos han ocupado el cargo de  responsabilidad, munidos de la suficiente necedad como para considerar que su preparación intelectual estaba acorde con la función a desempeñar.

Pero lo cierto es disímil y la verdad es Perogrullo.

Cuando los Grupos de Poder Concentrado se apoderan de los resortes de control del Sistema Democrático, determinando el nombre de quien tendrá la responsabilidad de ocupar el sitial de honor como candidato a la máxima magistratura del país, los verdaderos líderes nominan al personaje de quien están absolutamente convencidos que actuará en función de sus intereses de Sector y en favor de garantizar la permanente acumulación de ganancias y la consabida amortización surgida de la inversión generada a través de una erogación efectiva para solventar la campaña política de su celebridad.

Un pobre personaje, pobre de humanidad no de bolsillo, rescatado a veces del anonimato, o referenciado con la propia élite y seleccionado específicamente para aquellas lides.

No le interesa especialmente al Sector de Poder que la persona ponderada se haya preparado intelectualmente. Ni siquiera le parece importante su nivel de inteligencia o su nivel de estudio.

Todavía el dinero abre muchas puertas que invariablemente aparecen en un primer momento como herméticas.

El dinero bien utilizado es capaz de adquirir titulaciones universitarias. La de Ingeniero por ejemplo.

Durante este Siglo, el país votó para Presidentes a personajes que no eran capaces de hilvanar dos frases seguidas, impotentes para hacerse entender a través de la lectura en voz alta, discapacitados para coordinar ideas ante una simple y amena charla televisiva con un presentador especialmente compaginado en base a preguntas y respuestas pre elaboradas.

Sin embargo a ese tipo de personas las ha votado la gente y aún en la actualidad, después del paso del tiempo inexorable, que ha puesto en evidencia la falta de capacidad, la vergüenza internacional, la sinrazón de quien representando al país en el exterior ha banalizado la realidad o ha proferido banalidades.

 Aun así, estimado lector, un cuarenta por ciento del electorado ¡los volvería a votar!.

Es que nos hemos transformado en un país de Perogrullo.

Es una obviedad que quienes tienen el Poder Real, sean a la vez hábiles prestidigitadores y muevan los hilos suficientemente bien como para que todos pensemos que los valores de Verdad, Justicia y Ética se deletrean en sus páginas y se suceden a través de sus deseos y voluntades.

Claro. Uno puede preguntarse entonces.

¿Pero aquel cuarenta por ciento de referencia, es estúpido, pero quien escribe esta columna es inteligente y esclarecido?

Y la respuesta es NO.

Porque al caracterizar la situación nacional, no estigmatizo como estúpido a nadie.

Solamente estoy haciendo referencia al concepto de ignorancia.

¿Cuál es el problema en realidad entonces?

Me da la sensación, estimado lector, que el cuarenta por ciento de Clase Media que vota por los intereses de la Clase Social más alta, se ha acostumbrado, ha normalizado el discurso de los Medios de Comunicación dominantes.

Ese alto porcentaje del Padrón Nacional al que hago referencia, se persigna ante la posibilidad de que gane las elecciones el Populismo, porque lo estigmatiza como sinónimo de mala palabra, referenciándolo con la descripción que hacen de él los mismos Medios Masivos de Comunicación sustentados por el dinero de los grupos sociales más afortunados.

Esa Clase Media, que no pertenece al grupo selecto en cuestión, es convidada a sentirse parte integrante de la alta sociedad, es atraída con guiños de complicidad a compartir gustos, sabores, melodías, elecciones políticas y a través de esa caricia del alma, se le comparte también el odio por los sectores más humildes de la población, a cambio solamente de ser aceptados en las mismas verbenas de fina cortesía y distinción, pero sin abonarles la invitación.

Para colmo de males, como toda esta descripción está signada por el concepto de ignorancia, la Clase Media reniega de referenciarse con ese epíteto y se protege a través de la compulsión al sentimiento de necedad.

Porque en nuestro país, el concepto de ignorante es considerado mala palabra.

Podríamos describirlo como un tema de cuño cultural.

El los EE.UU de América, por ejemplo, identificar a una persona como “stupid” sigue siendo el peor de los insultos. También es un tema cultural.

En la Argentina en cambio, como sabemos, no sucede de la misma manera, existen otros calificativos considerados más ofensivos que la palabra estúpido.

Sin embargo, como diferencia, en nuestro país el concepto “ignorante” es verdaderamente gravoso.

Muy grave para la Clase Media justamente, imbuida en aquel afán de superación descrito por la mentalidad del inmigrante de principio de Siglo XX.

“M’hijo el Dotor”. Es la obra teatral escrita por el uruguayo Florencio Sánchez en el año 1903. Época fundacional del país, etapa expansiva de la inmigración.

 Un  asombroso y fenomenal incremento de la población que impulsó la radicación definitiva de miles de familias europeas de todas las regiones.

En la actualidad, sus descendientes, identificados con los grupos de Poder Político y Económico, que en el origen fueron explotadores de sus ancestros, rechazan a los sectores pobres y marginan a quienes todavía no lo son.

Y sabe una cosa. Un cuarenta por ciento del Padrón Electoral es mucha gente.

Con esos votos granjeados por quienes están decididos a privatizar todos los resortes productivos nacionales, menos la tierra que es de ellos, ¡por supuesto!, se abandonaría definitivamente cualquier intento de autonomía nacional.

Así estamos.

Es una Verdad de Perogrullo, pero creo necesario repensarla.

Para no resignarse a que pasen cosas inevitables y tengamos que volver a decir esa famosa frase Cervantina:

“Cosas Veredes Sancho”

 

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

 

 Bastardos sin Gloria




por Alberto Carbone

El concepto 'bastardo' está relacionado directamente en nuestro país y en el mundo, con un comportamiento social específico: la  discriminación.

Dicha nomenclatura se identifica con una categoría que remite al proceso de estigmatización del otro.

De ese modo, podríamos configurarla como una característica de índole social que se precipita sobre el ser humano del que se trate y lo determina acreditándole una mácula, una afrenta, una particularidad irredimible frente a los demás.

La voz deriva del antiguo germánico “bansti”, lugar de acopio de granos. Con lo cual, el concepto “hijo bastardo”, tomaría referencia de aquel ser humano concebido fuera del ámbito íntimo, externo al hogar.

 

En la Argentina, constituida a mediados del Siglo XIX procurando la intención de servir al mercado externo a partir de su producción de agricultura y ganadería, la incorporación de la actividad fabril urbana con la que se generó la diversificación económica durante el primer tercio del Siglo XX, fue tolerada a regañadientes por los sectores de mayor poder económico, obligados como estaban en capear el temporal económico devenido de la crisis internacional.

Consecuentemente, el Peronismo, que heredó aquella metodología que en su origen se instrumentó con fines paliativos, se transformó en el último adalid por la defensa de la actividad de la industria nacional y proveyó al país, a partir de su administración, de un período indeseado para la historia oficial y para sus herederos. Porque a través de esa impronta, los trabajadores urbanos comenzaron a acumular en torno de sí los Derechos Sociales que la Elite socioeconómica no había pretendido jamás incluir dentro de los beneficios de las clases subalternas urbanas.

Por esa razón, “los trabajadores nuevos”, así definidos a comienzos de la actual centuria por los historiadores Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero, se fueron configurando como auténticos “bastardos” dentro del razonamiento de aquellos signatarios del Poder Real y autodefinidos como dignos representantes de la “alta sociedad argentina”, que amparados por su alcurnia, se presintieron desde la consolidación de su liderazgo de mediados de Siglo XIX, como poseedores de finos rasgos de armónica integridad y como los seres elegidos y celosamente objetivados en convertir a “su Nación”, a la que habían creado a “imagen y semejanza”, en el fenomenal epicentro inmaculado de producción de alimentos. En el granero del mundo in saecula saeculorum.

No por otra razón, más que por la de prefigurarse como proveedores internacionales exclusivos de commoditys, la alta sociedad de nuestro país quedó resentida después de la instalación de aquellos inevitables núcleos fabriles urbanos.

Podríamos decir que hasta con un cierto sinsabor, exteriorizando un dejo de culpabilidad, aquel exclusivo grupo de la sociedad argentina, sintiose responsable, en cierta manera, por haber contribuido como precoz gerenciadora a concebir tanto “hijo bastardo”.

Consecuentemente, y a pesar del paso del tiempo y de las generaciones, emana todavía en la actualidad, desde el interior de su inmaculada prosapia, desde lo más profundo de su sentido ideológico, la obligación imperiosa, el esfuerzo permanente, por solucionar de cuajo semejante dilema.

 

Tiempos Violentos




 

La famosa crisis económica mundial del año 1929 en Wall Street se extendió por sobre todo el mundo y abarcó graves consecuencias políticas y sociales.

Después de la “Gran Guerra” sucedida entre 1914 y 1918, los continentes se adaptaron a vivir acompañando y resignándose al espléndido y singular empuje que desplegaba la joven Nación Norteamericana.

La ciudad de Nueva York se fue convirtiendo en pocos años, en la gran metrópoli del mundo. La gran Capital de la innovación y de la modernidad.

Todos los ojos miraban hacia su magnificencia y destello.

Pero en Octubre de 1929 se produjo una situación inesperada e inédita.

Una gran corrida bursátil, imprevisible y desprevenida, desbarató el normal desenvolvimiento de los negocios de la City.

Las acciones de las grandes empresas constructoras, artífices principales de aquel fenomenal despegue económico, se derrumbaron y más de cien mil obreros perdieron sus puestos de trabajo en solamente tres días.

Una catástrofe incalculable, estructural, incauta, cándida e insospechada.

A los inversionistas se les rebeló una tragedia de insondables magnitudes.

Atónitos, desesperados, tuvieron que admitir una acuciante realidad, inédita, procaz, descabellada.

La economía yanqui, que había evidenciado síntomas férreos de lozanía, de robustez de altanería, se delataba ante el mundo como establecida sobre cimientos de barro.

Sus ideólogos, artífices, constructores, se suicidaban.

Entre el 24 y 29 de octubre de ese desgraciado año, el colapso fue total.

Los más grandes economistas que había vaticinado un crecimiento implacable de las acciones por tiempo indeterminado, observaron de repente que sus predicciones desbarrancaban.

La realidad se desplomó y su caída precipitada pulverizó definitivamente toda esperanza profética.

Los inmolados fueron incontables, las pérdidas calamitosas, los anhelos de recuperación inciertos.

En ese contexto, con la economía desangrada y con el comercio exterior desaparecido, las sociedades de todo el mundo tuvieron que hacer gala de la improvisación y sagacidad, recurriendo a mejores ideas pasibles de capear el temporal, para que sus respectivas economías no palidecieran condenadas a una muerte segura ante la decrepitud de la política de intercambio internacional, que se evidenciaba como definitivamente muerta, desaparecida, irrecuperable.

 

 

El “Plan de Acción”







General Felix Uriburu

La Elite porteña gobernaba el país con el acuerdo tácito de las oligarquías provinciales. El general Agustín P. Justo, sucesor del golpista Félix Uriburu, había encontrado un recurso óptimo para gobernar abarcado por la Carta Magna.

A partir del año 1932 dio inicio su propio gobierno constitucional, con el voto popular, libre y obligatorio, según la Ley Sáenz Peña de 1912, pero imponiendo la abstención de la UCR, la original, la que ya no existe, para evitar alguna tentación de sufragar al populismo de aquel entonces.






General Agustín P. Justo


El ministro de Economía del gobierno era el Dr. Federico Pinedo. Hombre sagaz, astuto, visionario, quien observó la realidad emergida producto de la crisis mundial. Se había retraído el comercio exterior y desarticulado de la faz de la Tierra la actividad generada producto del intercambio internacional, tanto por las exportaciones como por las importaciones.

Aquella parálisis económica se sucedía por años y redundaba en una pérdida cuantiosa de dinero para los exportadores de commoditys, evidenciando la destrucción definitiva del incipiente mercado interno de consumo de importaciones.

Ante esta circunstancia, el ministro no demoró la decisión y propugnó porque los líderes productores rurales más conspicuos, sus pares, pertenecientes a la aristocracia nacional, promovieran la generación de talleres dentro de la ciudad de Buenos Aires y alrededores, facilitando la producción de aquellos artículos de consumo que hasta entonces proveía la importación.

Aquella decisión de denominó “Proceso de Sustitución de Importaciones”.

   Federico Pinedo

Los Perros de la Calle

La hipótesis de una vida mejor para los sectores más humildes de las provincias argentinas, o la posibilidad de inocular por lo menos un proyecto con miras de mayor augurio y renovado porvenir para las futuras generaciones de provincianos, se generalizó en el pensamiento de la gente poco a poco, hasta que se transformó en conducta, en horizonte de vida.

Debido a ello, las familias del interior del país procedieron a instalarse gradualmente dentro de los trenes con dirección a Buenos Aires. Una vez en la gran ciudad, se fueron asentando donde podían, se rebuscaban su cotidianeidad como mejor les salía, y paralelamente, los hombres se aventuraron a solicitar trabajo en las incipientes empresas pequeñas y medianas que pululaban alrededor de la gran metrópoli.

Es cierto, en las afueras de la Capital Federal, el cordón que aún bordea la urbe se fue tiñendo con el color de la pobreza.

La gente se fue acomodando en los pequeños espacios que lograba conseguir. Como podía edificaba su casa, acopiaba los bastimentos mínimos o incompletos y día tras día, iba aprendiendo a sobrevivir con poco, con lo justo y limitado, que generalmente y en la mayoría de los casos no alcanzaba a ser lo necesario.

Aquel peón rural, desposeído, sin capacitación intelectual ni técnica de ningún tipo, se radicó en Buenos Aires junto con su prole y se transformó en un obrero urbano.

El Gran Buenos Aires se expandió al compás del asentamiento de un sinnúmero de  barrios humildes exentos de los más elementales servicios sanitarios. Pero fruto de aquel corolario, la naciente burguesía industrial urbana se agenció de la insustituible mano de obra dócil, económicamente suficiente y necesaria como para reemplazar con hechura nacional aquellos artículos importados que la tragedia económica mundial había eclipsado.

Durante toda la denominada “Década Infame” la evolución productiva fabril e industrial se desarrolló sin tropiezos ni anomalías. El mismísimo Federico Pinedo fue el encargado de aclarar que el viejo y remanido proceso de producción agrícola y  ganadero se recuperaría cuando la enorme maquinaria del Capitalismo mundial se restableciera. Para ese entonces, todo volvería a la normalidad y los recientes emigrados retornarían a sus lugares de origen para recuperar sus magras y famélicas vidas, no tan distintas a las obtenidas en el Conurbano.

 

A Prueba de Muerte

 

En el año 1943 concluyó el segundo gobierno de la “Década Infame”.

El ex Presidente radical Torcuato de Alvear y el general ingeniero, también ex Presidente Agustín P. Justo, habían acordado el “Fraude Patriótico” para las elecciones de 1938, a través del cual el binomio Roberto Ortiz de la UCR y Ramón Castillo, representante de la Elite, se constituyó en la sucesión del general Justo en el afamado Sillón de Rivadavia.

Pero en 1943 a la Oligarquía nacional, le pareció ocurrente y necesario que el fuerte productor azucarero del Norte argentino Robustiano Patrón Costas se transformara en el futuro Presidente de la Nación.

El día 4 de junio de ese año, los coroneles confraternizaron y tomaron el Poder, desarticulando la cadena de mandos del Ejército y desoyendo al generalato.

La conocida historia, muchas veces narrada por los círculos peronistas como la Revolución del GOU modificó el rumbo ideológico y social en poco más de un año.

En el mes de noviembre de 1943, un desconocido coronel llamado Juan Domingo Perón, se hizo cargo del tradicional Departamento Nacional del Trabajo, elevándolo a rango de ministerio con la denominación de Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación. Desde allí desplegó una tarea de contacto directo con la gente, promovió Decretos de mejoras sociales e inauguró una política de acercamiento, control y seguimiento de las políticas públicas, que lo indujo a promocionar la sindicalización de los trabajadores.

General Edelmiro J. Farrell

Nadie había advertido que ese joven oficial del Ejército comenzaba su propia carrera política. Veintitrés meses después, aquel ignoto coronel se transformaría en el argentino más conocido en el mundo.

¿Qué había sucedido?.

Lejos de las voluntades y aspiraciones de la Elite, que pretendía desandar el camino y retornar al modelo de explotación rural tradicional de nuestras pampas, Perón consolidó el status alcanzado por los sectores sociales relacionados con el trabajo urbano y convalidó aquella realidad instituida por la Clase Aristocrática en plena crisis económica mundial. Con su labor política constante y cotidiana de casi dos años, naturalizó el proceso de diversificación económica del país, validando, apoyando, robusteciendo, consolidando la situación sociopolítica de las PyMes y de su mano de obra.

Poco a poco se fue conformando un núcleo representante del desenvolvimiento industrial de las ciudades, que fluyó naturalmente junto con los sectores agrupados en la actividad sindical, legalmente organizados.

Este proceso provisto de una política de ampliación de Derechos sindicales y políticos no fue bien recibido por la Elite, porque privilegiaba otra idea para el país que hasta ese momento creía haber constituido para sus propios intereses.

Fue debido a ello que para octubre del año 1945 fue promovida la presión y el hostigamiento al gobierno militar con el objeto de que erradicara a ese maldito coronel de las decisiones de Poder Político.

Antes de mediados de ese mes las poderosas fuerzas de interés económico se precipitaron contra su humanidad, haciéndolo responsable del caos bullicioso y entusiasta de numerosos núcleos urbanos que manifestaban cotidianamente su conformidad por las decisiones del ignoto coronel.

De suyo entonces, impusieron al generalato que obligara al Presidente Edelmiro Julián Farrell a que solicitase la renuncia indeclinable de Juan Domingo Perón.

Fue así que el joven oficial de cincuenta años de edad presentó su renuncia indeclinable por motivos personales a través de la cadena radial, pero informando también a los radioescuchas que acababa de firmar un Decreto propiciando el Sueldo Anual Complementario, como despedida de su actividad política.

En vista de aquella inefable y astuta decisión, una muchedumbre se agolpó en las puertas del viejo Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires y obligó a Perón a improvisar su primer discurso a viva voz, subido a un cajón de madera, que lo elevaba por sobre las cabezas y a la vista de los presentes.

Una nueva historia, de la que hablamos en más de una oportunidad, comenzaría a partir de aquella tarde.

 

Matar a la Ley

 El Dia de la Lealtad


Lo sucesos posteriores son comparables a una epopeya, porque son fruto de un clamor popular contenido durante largo tiempo y descubierto por la actitud decidida y convincente de aquel oficial, que la gente denominó poco después como el “Coronel del Pueblo”.

Perón renunciaría pero sería arrestado y conducido por unos días a la Isla Martín García. El 17 de Octubre de 1945 fue trasladado al Hospital Militar. Mientras tanto y paralelamente, fue gestándose una pueblada callejera, una acción espontánea y multitudinaria que como corolario, desbarató las pretensiones de la Elite y del generalato.

Había nacido el Peronismo.

Aquellos trabajadores, hijos directos de una inesperada situación devenida de la crisis mundial, disposición que los manipuló y empujó a constituirse en obreros industriales en un país creado por otros intereses y para otros fines, recibieron de Perón un bautismo de consolidación, de autoafirmación, de valentía, amparados en la fuerza y la premura por instaurar su dignidad bajo el imperio de la Ley.

Hasta la aparición del entusiasta coronel, la masa informe y desorganizada, no presintió otra cosa más que la confirmación que los referenciaba como “hijos bastardos”. Retoños no deseados de la Elite tradicional, que habiendo influido en su gestación por la imperiosa necesidad de mano de obra fabril en plena crisis mundial, no pretendía otra cosa más que el retorno a la normalidad, la claudicación y el retroceso de la inercia industrialista, propugnando la desaparición inmediata de aquella actividad urbana.

Los obreros nuevos eran mal queridos, los bastardos, los que debían desaparecer al restablecerse el orden capitalista mundial.

Perón leyó aquella realidad de otra manera.

El coronel con alma de político, vislumbró una posibilidad, una alternativa eficiente que contemplara dignamente la nueva situación.

Una lectura de la realidad que la Oligarquía jamás perdonó y la consideró como una afrenta.

Por ello, una y otra vez intentó boicotear la administración Peronista y cada uno de los gobiernos populares posteriores, con el objetivo de recuperar la situación previa al año 1930. Retornar a la etapa exquisita y única signada por la época del Centenario.

Para los sectores del Poder Real, aquella realidad populista fue un calvario y una paradoja. Porque quienes debían morir eran dignificados por Perón.

General Juan D. Perón

La situación fue considerada inaudita, controversial, esquizofrénica.

Al comienzo de la debacle económica, de la etapa más crítica, los obreros fabriles fueron un mal necesario. Un sector social no deseado pero imprescindible para definir aquella circunstancia.

Pero aquella situación, imprevista, inesperada, fue evaluada como una coyuntura económica mundial de corto aliento, que si bien obligó involuntariamente a tergiversar los roles de cada economía nacional dentro del Capitalismo, consignó que una vez restablecida la normalidad, aquellas relaciones internacionales recuperarían su cauce.

Cada país estaba prescripto como responsable de una actividad específica. La Argentina estaba instituida como proveedora de materias primas al mercado externo.

De esa manera, el sector social que había gestado la Constitución de 1853, amparado exclusivamente en su rol agrícola y ganadero exportador, no pretendió jamás obreros industriales, nunca promocionó la actividad fabril. La Elite rentista no evaluó en ninguna etapa de su desenvolvimiento histórico, la posibilidad del fomento de la diversificación de la actividad económica.

Por ello, los mal queridos son también los indeseables, aquellos quienes no deberían haber existido y que todavía en la actualidad, están condenados a desaparecer, atentos al sentido común y al de viabilidad de la Elite, con el único interés de que aquel país que edificaron los poseedores de la riqueza, retorne a la normalidad, que solamente ellos bien saben entender.

Un deber ser definido como el paraíso terrenal de las minorías poseedoras del poder económico centralizado.

 El reino definitivo de unos pocos.